La batalla del r?o Dnipro, el Vietnam de Ucrania

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Guerra en Europa

La batalla del r?o Dnipro, el Vietnam de Ucrania

Mosc? extiende los “safaris humanos” de drones a todas las localidades del sur, desde Nikopol a Jers?n, mientras los ucranianos pelean en las ci?nagas para evitar que los rusos ampl?en la ‘zona de la muerte’

Unidad de zapadores ucranianos usando un dron para colocar minas y frenar el avance en el r?o Dnipro.JAVIER ESPINOSA
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En el mundo del rev?s en el que vive Olga Dolnik el buen tiempo es malo y el malo es bueno. Para la ucraniana de 39 a?os, el sol inspira “miedo”, mientras que las ma?ana cubiertas de bruma le permiten abandonar su domicilio.

“Es muy frustrante. Hace meses que no puedo ir al parque donde hac?a ejercicio”, afirma mientras acompa?a a los visitantes en un recorrido a pie por Nikopol, aprovechando la niebla ma?anera que cubre el cielo.

Olga asegura que los drones suelen adentrarse en la localidad atravesando la conocida calle de Shevchenka y pasan por delante de su residencia. “Son decenas a diario”, estima.

El paseo la lleva hasta el mercado central. “Aqu? han atacado varias veces. Lo mismo que frente al supermercado ATB [a metros de la alcald?a]. All? asesinaron a una se?ora hace d?as”, relata.

As? se vive la batalla del r?o Dnipro, considerado como el Vietnam de la guerra de UcraniaJAVIER ESPINOSA (V?deo)

La caminata -“es mejor ir andando, ahora los objetivos son los coches”, hab?a explicado la f?mina- concluye de forma abrupta cuando se disipa la neblina.”?Pi, pi, pi, pi!”. El detector de drones avisa que la placidez ha concluido. Se aproxima un aparato no tripulado. Hay que esconderse. En cuesti?n de segundos el centro de la localidad se ve sacudido por una potente explosi?n. Un dron acaba de atacar una gasolinera cercana.

El cielo despejado hace que se multipliquen las alertas en las redes sociales de las autoridades locales. “15:42 Un dron kamikaze va hacia la ciudad antigua”. “15:44 Un dron kamikaze va hacia el centro de la ciudad”. “15:56 Un dron kamikaze va hacia la ciudad antigua”.

Olga regresa de forma apresurada a su domicilio. “Hemos elegido bien el momento para salir a la calle. Ahora est?n pasando uno tras otro (los UAS)”, explica por tel?fono poco despu?s.

Nikopol, una peque?a localidad ucraniana situada a orillas del r?o Dnipro y a pocos kil?metros del otro margen, ocupado por las tropas rusas, se est? convirtiendo en un remedo de la realidad disparatada que lleva viviendo Jers?n desde el 2024.

La poblaci?n, donde todav?a residen unos 50.000 habitantes de los cerca de 108.000 que ten?a antes de la invasi?n general rusa del 2022, lleva semanas asistiendo a un incremento desaforado de los ataques de las aerononaes no tripuladas. S?lo el domingo 23 de noviembre, estos artilugios se abatieron sobre cuatro estaciones de servicio -un objetivo prioritario en las ?ltimas fechas- en la localidad de Marhanets, sita a s?lo 30 kil?metros y que funciona como un suburbio m?s de Nikopol. “Murieron dos personas”, indica una funcionaria local que exhibe un v?deo que muestra un veh?culo cisterna ardiendo en una de esas instalaciones. Cuarenta y ocho horas m?s tarde, hicieron lo mismo contra otras dos gasolineras.

Los surtidores quemados son ahora una constante en ambas villas. Una de las instalaciones sigue funcionando, con los veh?culos repostando en las m?quinas de distribuci?n de gasolina que contin?an activas, a metros de las que han quedado reducidas a chatarra calcinada. No lejos de all?, otra estaci?n ha protegido sus instalaciones con bloques de cemento.

“La gente suele repostar por las noches. Se forman colas. Tienen miedo de hacerlo por el d?a”, precisa Anna Seluiko, responsable de una ONG local.

La urbe no parece preparada para esta ofensiva a?rea. Las autoridades s?lo comenzaron a cubrir las rutas con redes antidrones en los ?ltimos d?as de noviembre. Los ataques han interrumpido casi todas las comunicaciones de internet o de tel?fono. Tampoco hay se?al de televisi?n.

Incremento de drones

Para el responsable militar de la administraci?n local, Ivan Bazilyuk, los incidentes con drones se han incrementado “un 50%” desde principios de noviembre y han dejado decenas de heridos y varios muertos.

El ayuntamiento no dispone de cifras concretas sobre las v?ctimas de los drones. Dice que desde el inicio de la invasi?n en 2022 han muerto 106 civiles y casi 800 han resultado heridos, una contabilidad que incluye todo tipo de agresiones.

“Est?n atacando ambulancias, gasolineras o civiles en sus coches. Es la misma estrategia de terror que aplican en Jers?n, pero aqu? combinan drones con artiller?a”, opina.

Desde su despacho se escuchan las detonaciones procedentes del lado ruso. Est?n tan cerca que se puede escuchar el sonido que generan los proyectiles al ser disparados desde esas posiciones y pocos segundos despu?s la explosi?n que anuncia su impacto en Nikopol.

La dram?tica realidad de Nikopol s?lo difiere de la que se registra en Jers?n en la escala de los asaltos a?reos. “Aqu?, afortunadamente, no hemos llegado al nivel de Jers?n”, reconoce Anna Seluiko.

Sin embargo, lo que ya se ha apodado como “safaris humanos” de los AUS rusos parece ser una pr?ctica que se ha extendido a toda la regi?n del bajo Dnipro, siguiendo los cerca de 400 kil?metros de la margen derecha del cauce fluvial bajo control ucraniano. Los rusos est?n en la izquierda.

Javier Espinosa

As? lo denunci? un informe publicado por la ONG de derechos humanos Truth Hounds el pasado 17 de noviembre. Seg?n sus datos, en marzo pasado Jers?n registr? entre 600 y 700 ataques semanales con UAS. Las cifras de Nikopol eran de 459 al mes, en el periodo que va de septiembre del a?o pasado a marzo del presente a?o.

“Los drones no se est?n usando para ataques selectivos contra objetivos militares sino como una herramienta de violencia arbitraria contra los civiles. Las agresiones son sistem?ticas y parte de las t?cticas rusas en este territorio”, escribi? la ONG en su indagatoria.

Tras estudiar los canales de comunicaci?n rusos, la averiguaci?n concluy? que los pilotos de Mosc? han designado como “zona roja” una franja de 2,5 kil?metros en toda la ribera derecha donde “cualquier movimiento es un objetivo leg?timo”.

El enfermero Andree Miroshnychenko es uno de los param?dicos que consigui? sobrevivir a una de las tristemente c?lebres “cacer?as” de los aparatos rusos en las inmediaciones de Nikopol, en la madrugada del 4 de noviembre.

El ucraniano, de 43 a?os, viajaba en la ambulancia que trasladaba a una paciente hacia Dnipro cuando vieron un flash de luz y se vieron sacudidos por una detonaci?n. Un artefacto lanzado por un dron hab?a explotado en el techo.

“Tuvimos suerte. La metralla entr? del lado de los medicamentos y no afect? a la mujer. Salimos corriendo de la ambulancia y sacamos a la paciente en una camilla. Nos avisaron que otro dron iba en nuestra direcci?n. Tuvimos que escondernos a la carrera en un socav?n y cubrirnos con ropa. Todos, la enferma y nosotros”, rememora Miroshnychenko.

A los pocos minutos el segundo UAS explot? junto a la ambulancia. El cuarteto tuvo que ser evacuado con un veh?culo blindado. Los param?dicos, incluido Miroshnychenko, sufrieron heridas leves.

“No es la primera vez que atacaban una ambulancia. Quieren que esto sea un nuevo Jers?n“, cuenta el enfermero.

Anna Seluiko, la residente de Nikopol, es una de las muchas voces de la regi?n ribere?a, que piensan que la zona se ha convertido en “un pol?gono de entrenamiento” para los pilotos de drones rusos. El responsable militar de la primera localidad, Ivan Bazilyuk, matiza que “no existe confirmaci?n oficial” sobre tal extremo pero admite que es “lo que comenta la poblaci?n”. “Sabemos que los pilotos rotan cada cinco o siete semanas”, agrega.

En Jers?n, la unidad de Andree Yakud -su apodo militar- se encuentra oculta en un antiguo almac?n. Tienen asignados un cami?n equipado con una vieja ametralladora ZU-23 de la era sovi?tica.

“Aqu? ya casi no usan ‘Shahid’ [los drones de origen iran?]. No les vale la pena. Pueden recurrir a los drones peque?os. Nosotros cubrimos una zona de cinco kil?metros y derribamos una media de cinco al d?a”, argumenta Andree.

Seg?n Serhiy Hrybochok, portavoz de la Guardia Costera del Cuerpo de Marines, los militares han establecido grupos m?viles para derribar los UAS, combinados con unidades que ya usan drones de interceptaci?n.

“El problema es que aqu? las unidades m?viles [la de Andree] tienen que estar ocultas y s?lo pueden actuar durante muy poco tiempo porque a su vez son objetivo de los drones”, precisa el joven.

A tres kil?metros de las posiciones rusas

La conversaci?n se ve interrumpida por unos segundos cuando una enorme explosi?n hace retumbar los muros y cristales del edificio. Los ucranianos sonr?en. Los estampidos forman parte de su rutina diaria. Su posici?n se encuentra a tres kil?metros de las posiciones rusas, en plena zona roja.

Siempre que abandonan su escondite, uno de los militares sale equipado con el ya habitual rifle de cartuchos, convertido en el arma m?s efectiva para la lucha a corta distancia contra los aparatos no tripulados. “En septiembre derribamos 30 FPV y 4 Molniyas [dos tipos diferentes de UAS] con los AK-47”, indica Andree.

Bas?ndose en su experiencia, ellos s? consideran que Jers?n oficia como una suerte de terreno de pr?cticas para los operadores de UAS del ej?rcito enemigo. “Lo sabemos por los datos que nos ofrecen las tarjetas de memoria de los drones que destruimos. As? podemos ver cuando han accionado la c?mara. Los pilotos expertos s?lo lo hacen lejos de su posici?n, para no verse comprometidos. Los ne?fitos la activan de inmediato porque no saben pilotar a ciegas”, razona Serhiy.

Los rusos utilizan la ribera izquierda como plataforma para intentar avanzar entre las ci?nagas que proliferan en el Dnipro. Durante los ?ltimos meses han acrecentado sus intentos por ocupar posiciones en la pl?tora de islotes que se extienden a lo largo del r?o, que ahora son m?s prominentes ante la brutal bajada del caudal que propici? la destrucci?n de la presa Nova Khakovka en junio del 2023.

La reducci?n del raudal de agua ha convertido el delta del Dnipro en una especie de jungla y barro. Un paisaje muy semejante al que utilizan los militares del Primer Batall?n de la Brigada 40 de Defensa Costera para entrenar a las nuevas incorporaciones, que despu?s pelear?n en ese mismo entorno.

El cuarteto que se entrena en los riachuelos a las ?rdenes del sargento Roman Khotab (su alias en el ej?rcito) aprenden a realizar desembarcos desde la zodiac y desplegarse en mitad de la fronda.

Uno de sus subalternos, Alexandre, de 38 a?os, es un veterano de la terrible refriega que se libra por el control de una tierra yerma, donde no vive nadie, pero por la que mueren decenas de personas.

Jamaica particip? en un desembarco en esas islas el pasado mes de abril junto a varios compa?eros. Su relato es propio de un gui?n b?lico. Que haya sobrevivido un milagro. Habla de d?as sin comer ni beber. Sin contacto con el resto de sus compa?eros, a los que dej? de ver nada casi de inmediato al tener que huir de los drones. Eludiendo a estos omnipresentes aparatos no tripulados y a otra patrulla rusa que le buscaba entre la maleza.

“All? es muy dif?cil ocultarse. A 30 cent?metros ya hay agua”, indica.

Al final, consigui? suministrar las coordenadas de los enemigos a sus compa?eros, que eliminaron a dos de los uniformados con sus AUS. ?l acab? con la vida de un tercero a tiros. “Durante dos semanas estuve viviendo entre dos cad?veres”, asegura.

Su odisea acab? siendo recompensada con una medalla al coraje.

Alexandre no se vanagloria de lo acaecido. Prefiere recordar que no sabe qu? ocurri? con el resto de su patrulla. “Figuran como desaparecidos en combate”, dice.

Para Roman, de 41 a?os, la ?nica recompensa que espera que consigan sus alumnos es sobrevivir a un tipo de combate que recuerda a la atroz lucha que se libr? en los r?os de Vietnam.

“?Vamos! ?Vamos!”. Los gritos del sargento se dirigen a la escuadra que se prepara.

“?Cubriendo!”, grita uno de los uniformados mientras vigila la zona con su ametralladora para permitir el avance de su grupo.

“?Moveos! ?Corred!”, sigue bramando el suboficial.

Javier Espinosa

Todos van cubiertos con un espeso camuflaje que imita incluso el color ocre que tiene la espesura en estas fechas. “Tenemos otro verde [para primavera y verano]. En este tipo de guerra el camuflaje es esencial”, explica Roman.

Su jefe, Bars, un oficial de 28 a?os, asegura que pese a que los rusos siguen enviado una media de cuatro botes cargados de tropas cada semana a las citadas islas, “la media de supervivencia de sus soldados tras desembarcar es de entre 30 minutos y una hora”.

Khotab incide en la importancia que tiene impedir que los rusos tomen el control de las islas del Dnipro. “Podr?an colocar pilotos y antenas para ampliar el radio de acci?n de sus drones”.

Eso significar?a que la zona de la muerte en la que ya se encuentran inmersas localidades como Jers?n, Nikopol o Berislav cada vez se adentrar?a m?s en el territorio que defienden los ucranianos.

De d?a pero en oscuridad

La batalla del Dnipro se libra durante el d?a pero principalmente aprovechando la oscuridad, cuando decrece el tropel de drones rusos con capacidad para vigilar el territorio controlado por las fuerzas ucranianas.

La agrupaci?n comandada por Bis (Diablo, su apodo militar), de 32 a?os, se dispone a partir hacia su escondite cerca de la medianoche. Los ?ltimos kil?metros hasta el refugio excavado en el barro se conducen a oscuras. El ch?fer utiliza unas gafas de visi?n nocturna. Se trata de evitar que los drones de vigilancia rusos detecten su escondite.

El terceto se oculta en un b?nker horadado en el barro. Una mesa, dos sillas de c?mping y un sat?lite Starlink convierten el barro en un centro de operaciones.

“?Listos para empezar la operacion!”, informa Bis a su interlocutor.

“?Copiado, no hay lluvia y no se ven drones rusos alrededor!”, le replican.

La patrulla utiliza la caja donde guarda el dron de carga como soporte del aparato. Otro de los expertos se dedica a montar una de las minas a pocos metros. “Lleva 600 gramos de explosivo y nadie puede sobrevivir en un radio de 30 metros”, explica Bis.

Entrenamiento del Primer Batall?n de la Brigada 40 de Defensa Costera en los riachuelos de Jers?n, antes de ir a combatir en las islas del?r?o?Dnipr.Michael?Shtekel

La unidad de zapadores del suboficial est? especializada en bloquear los accesos a las islas del r?o. La era en la que estos especialistas colocaban o desmontaban los explosivos a mano es historia. “Ahora lanzamos las minas con drones y tambi?n hacemos el desminado con robots”, precisa Bis.

El UAS ucraniano ha despegado. Las im?genes que recoge su c?mara permiten apreciar el cenagal por el que se lucha desde hace meses. Es una zona repleta de lagunas y aglomeraciones de juncos.

“Hay dos lobos [en la zona del r?o]”, anuncia el operador de radio.

“Seguro que se alimentan de carne humana”, dice Bis. Un comentario que alude al ingente coste en vidas que est? dejando este conflicto.

El aparato ucraniano se detiene cerca de unas trincheras y se divisa como arroja los explosivos.

Cuando inicia su regreso, los drones de vigilancia ucranianos les alertan. “Cuidado, hay un mavic (un tipo de UAS) ruso que os sigue”.

El mayor peligro para este tipo de agrupaciones es que los rusos localicen su posici?n, que de inmediato es arrasada por los UAS o la artiller?a.

Chaklun (hechicero), otro de los compa?eros de Diablo, se acoge al optimismo. “Nuestro dron es mucho m?s r?pido que el mavic“, dice. Bis prefiere instalarse en la ambig?edad. “?Qu? si nos pueden localizar? 50, 50”, opina acompa?ando la frase de una sonrisa ir?nica.

Esta vez se impone la l?gica de Chaklun y el dron ucraniano retorna a su posici?n eludiendo la vigilancia del ruso.

“Hoy hemos terminado el trabajo. Se trata de frenar el avance de los rusos”, sentencia su jefe antes de plegar los pocos utensilios utilizados y abandonar su escondrijo.


Source URL: https://www.elmundo.es/internacional/2025/12/07/6931b5f4e9cf4aef1a8b4582.html


Analyse


2025-12-08 08:51:17

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