A Dios, como el viento, no lo puedo ver, pero sí sentir su voz como un susurro que alivia mi tormento, cada vez que la vida me abre nuevas heridas, sin decir nunca perdona…, sin decir nunca lo siento.
Como el viento, Dios siempre presente, aún durante sus aparentes ausencias, cuando nos puede equivocar con sus prolongados silencios.
Como el viento.
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