La pena de muerte debe volver a ser instaurada

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La pena de muerte debe volver a ser instaurada

En una nación como España, forjada en la grandeza de imperios que dominaron los mares y extendieron su influencia por el mundo, la corrupción no es solo un delito: es unatraición suprema. Es el robo de lo más sagrado que poseemos como pueblo: la riqueza colectiva, el sudor de generaciones que han labrado esta tierra con honor y sacrificio.

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Aquellos que, investidos de poder por el voto ciudadano, se atreven a saquear las arcas públicas no merecen el aire que respiran. No son meros ladrones; son parásitos que devoran el alma de la patria, debilitándola desde dentro hasta dejarla postrada ante enemigos externos e internos. La nación está por encima de todo: por encima de ideologías efímeras, por encima de falsos humanismos y, sin duda, por encima de la vida de quienes la traicionan. Reinstauremos la pena de muertepara estos corruptos, no como venganza, sino como justicia poética, como el corte necesario que salva al cuerpo de la gangrena.

La realidad es cruda: y es que desde la proclamación de su constitución y de su democracia, jamás ha habido una clase política que desprecie tanto a la ciudadanía. Viven de esto, los problemas de la población les importan un bledo. Los políticos no trabajan para la nación ni para mejorar la vida de los ciudadanos, únicamente miran por sus intereses personales, sus intereses de partido y si se tercia, por los de sus amiguetes. Se enriquecen con contratos amañados, comisiones ocultas y fondos desviados, mientras el español de a pie lucha por llegar a fin de mes. Casos como la trama Koldo, las máscaras infladas en pandemia o las irregularidades en el entorno de Begoña Gómez no son excepciones: son la norma de un sistema podrido que protege a los suyos.

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Imaginemos la sacralidad de la riqueza nacional. Es el legado de los Reyes Católicos, de los tercios, de los trabajadores que levantaron España una y otra vez. Robarla es profanar un templo. Y por eso la respuesta debe ser sagrada también.

Y qué más español, qué más poético y qué más justo que recuperar el garrote vil. No la guillotina francesa, la horca inglesa, o la silla eléctrica americana, sino el garrote vil. El garrote vil es nuestro, profundamente nuestro. Inventado en España, perfeccionado durante siglos, usado desde la Inquisición hasta el siglo XX con una precisión de cirujano. Un asiento de madera noble, un tornillo de hierro forjado en Toledo o Éibar, un verdugo que actuaba con la solemnidad de un sacerdote ejecutando un rito de purificación.

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Que el último sonido que escuchen los condenados sea el crujido lento del tornillo, recordándoles que España no perdona a quien la traiciona.

El condenado era sentado erguido, con la espalda recta, mirando al frente —como corresponde a quien ha mancillado el honor nacional—. El collar de hierro se cerraba lentamente alrededor del cuello mientras el pueblo, en silencio o con murmullos de aprobación, asistía al acto final de justicia. No había sangre escandalosa, no había espectáculo morboso: solo la certeza inexorable de que la traicionar a España tenía un precio definitivo. El último en sentirlo, en 1974, fue Salvador Puig Antich, un anarquista catalán que asesinó a un joven subinspector de policía de 23 años. Eran tiempos que ante la ley española, no había privilegios.

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Recuperar el garrote vil para los grandes corruptos y traidores a la patria sería un acto de memoria histórica verdadera: recordar que España fue grande cuando fue implacable con quienes la vendían. Que el miedo a ese asiento de madera y a ese tornillo sea el freno definitivo a la codicia de quienes hoy se reparten el botín mientras nos hablan de “progreso”, de “valores”, de “solidaridad” y de “democracia”.

Porque la traición no se limita a quien mete la mano en la caja. Incluye a quienes legislan para BlackRock y Vanguard, que compran España a trozos; a quienes ceden soberanía energética e industrial a China, puertos y subvenciones a Marruecos o decisiones estratégicas a Washington a cambio de una palmadita en la espalda. Esa traición silenciosa, disfrazada de “europeísmo”, “progreso” o “globalización”, es aún más grave: venden el alma misma de la nación.

Los ejemplos sobran: ERE, Koldo, Tito Berni, Ábalos, Bárcenas, Gurtel, tarjetas black, las puertas giratorias, los contratos de las renovables adjudicados a fondos extranjeros mientras cierran centrales nucleares españolas… Cada euro robado o regalado es un pedazo de España que ya no nos pertenece.

Y a esos que se les llena la boca hablando de impuestos, de “defensa de lo público” y de “justicia social”, les decimos: ¿Dónde está vuestra coherencia? Predicáis la virtud fiscal mientras los impuestos que pagamos con esfuerzo acaban en bolsillos de vuestros amigos o en proyectos que sirven a intereses extranjeros. La reinstauración del garrote vil es la garantía suprema para el ciudadano: la certeza de que cada euro recaudado irá al bien común, a hospitales, escuelas, carreteras, y no a las cuentas en Suiza de esta banda de golfos mal llamados políticos. Con el garrote vil en el horizonte, el español pagará sus impuestos con orgullo, sabiendo que su granito de arena fortalece la nación y no engordará a los traidores. Ese temor reverencial al castigo hará que la ciudadanía recupere la satisfacción de contribuir, sintiendo que su esfuerzo es respetado y protegido por una justicia implacable.

Por eso el garrote vil debe volver, restaurado con orgullo, colocado en una sala sobria de la Real Audiencia o en el patio del Congreso el día de la sentencia. Que el último sonido que escuchen los condenados sea el crujido lento del tornillo, recordándoles que Españano perdona a quien la traiciona.

Solo así, con mano de hierro y corazón de fuego, limpiaremos la gangrena, recuperaremos la grandeza. Que tiemble el corrupto. Que despierte España y que vuelva a ser grande otra vez.

Normalicemos nuevamente lo que siempre fue normal

Alberto Pugilato
Autor: Alberto Pugilato
Patriota y cantante de Pugilato. Padre de 3 hijos. Activista NS perseguido y censurado. Anti-Agenda 2030.


Source URL: https://www.mediterraneodigital.com/opinion/columnistas-de-opinion/alberto-pugilato/pena-de-muerte


Analyse


2025-12-07 01:20:16

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