El Gran Reemplazo

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El Gran Reemplazo

“Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”.
Mateo 5:5

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El Gran Reemplazo existe. Es real. Es la lógica del Capital. No hay motivaciones raciales, sino económicas. No es una conspiración judía, musulmana, masónica o algo así, sino algo tan simple como el tráfico de esclavos hacia la gran urbe que es Europa. Naturalmente, estos esclavos no son como los europeos: no piensan en vacaciones o en sindicatos, sino en mejorar y en asentar a sus familias. Los europeos no tienen hijos suficientes y no quieren renunciar a algunos logros sociales, luego el reemplazo puede ser inevitable. La única solución a corto plazo: cierre de fronteras.

Cuando empezó hace más de 30 años en España, de la mano de la derecha del PP, el inicio de la inmigración masiva, se engañó a la opinión pública con lo de las pensiones: el declive demográfico hacía indispensable la importación de mano de obra y, además, se le hacía un gran favor a esa pobre gente, rescatándola de la miseria de sus países de origen. Resulta que era mentira. El dinero que ganan los inmigrantes, o se va a sus países de origen, o pertenece a la economía sumergida, o al ser de salarios muy bajos, no tiene impacto en la economía, luego la solución es que los trabajadores españoles envejezcan y mueran trabajando mientras los jóvenes españoles también tienen que emigrar y poner su talento y energía al servicio de otras naciones.

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Esto no es particular de España. En todo Occidente se vive el mismo fenómeno del Gran Reemplazo, de la gran transformación generada por la ideología hegemónica: el Globalismo. Y al mismo tiempo se vive un enfrentamiento entre dos bandos, el globalista contra el patriota. Lamentablemente, el bando patriota tiene dos grandes corrientes condenadas a priori al fracaso.

Por un lado tenemos a un gran partido antiinmigracionista y patriota que aglutina al electorado y tiene representación en todas partes: es VOX. Su grave falta es que forma parte de la corriente globalista, al creer en la ciudadanía abstracta. Para ellos, ser español consiste en ser una persona que aprende a hablar en español, trabaja y se comporta educadamente. Algo que simplemente hace que miles de millones de seres humanos puedan ser españoles adquiriendo un documento de residencia. Para eso no hace falta ser patriota y decir que estás en contra de la inmigración (ilegal, eso sí, la Ley ante todo).

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La otra corriente es la identitaria, que cree en la existencia material de una España imperecedera, que desea el retorno de una España de antes, de siempre. Eso no ha existido nunca: La España “de antes” no volverá. No volverá la de los años 1980, igual que no volvió entonces la de los años 1930. Todo se transforma. Las costumbres y todo ha cambiado radicalmente en 100 y 50 años. Y sigue. Admirar el pasado es inútil en política. El imperio español al que tanto se refieren no era nostálgico: todo lo que hacía era lo más moderno y avanzado de su época. Catedrales románicas, góticas y barrocas, hospitales, carreteras, barcos, arcabuces…

Hoy ser español no significa nada. Es un territorio gestionado por una oligarquía, que a su vez obedece a otra superior. Así que imaginen lo risible que sería una Cataluña “independiente”…

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Una y otra corriente patrióticas hacen hincapié, salvo contadas excepciones, en la peligrosidad, criminalidad y salvajismo de los llegados de tierras exóticas, pertenecientes a culturas ajenas, los cuales necesariamente crearán conflictos y serán entre nosotros igual que animales salvajes… Un discurso bien elaborado, pero que nos aleja de la realidad: El fenómeno migratorio masivo no debe contemplarse como un problema de orden público, sino como una desestabilización espiritual y un terremoto identitario de consecuencias imprevisibles.

Los criminales y los salvajes son la punta visible del iceberg, pero ellos no construirán nada. La tierra se la quedará quien tenga un proyecto de país, tenga población y sepa gestionar recursos. Quiero decir que todo territorio que no sea conquistado militarmente, lo será mediante población. Pero una población civilizatoria, ordenada, educada, trabajadora…

Sí, hay muchos inmigrantes que roban para sobrevivir, ya que no tienen papeles ni familia ni nada. Roban como robaría cualquiera de cualquier cultura, en una situación de supervivencia. Pero la mayoría ya no siguen robando si encuentran una situación mejor. Pero mientras tanto eso lo sufre el pueblo, no los políticos, banqueros, etc., en sus buenos barrios. Y como la presión migratoria no cesa, esa situación se eterniza creando enfrentamientos cuyos únicos culpables son la casta política, ya que no solo la permiten, sino que la incentivan.

Lo de las violaciones otro tanto: miles de adultos jóvenes sin mujeres ni familia que además tienen otra perspectiva sobre las mujeres. Otra cultura que choca mentalmente. Una mujer respetable en su país va tapada y/o acompañada. La manera de ir por la calle de las mujeres occidentales les da pie a ideas equivocadas, ya que ellos también tienen prejuicios, y provienen de sociedades realmente patriarcales donde la mujer es un ser custodiado por hombres sin más horizonte vital que aquel que le permite la sociedad, o algo más dependiendo de su familia y solamente de su familia. Se toleran conductas machistas que jamás se tolerarían viniendo de autóctonos (en el fondo, son vistos como atrasados que necesitan aprender… ¿Racismo?).

En resumen, los patriotas de todas las tendencias y orígenes ideológicos tienen que grabarse en la cabeza que las palancas más ignoradas que hacen mover la Historia y que se hallan en la base de la lucha de clases y la lucha de razas son: la presión demográfica y el avance tecnológico. Basta de creer en la naturalización automática, ahistórica, de masas de extranjeros, basta de mirar al pasado, basta de creer en soluciones mágicas.

En la hora actual hay que ver la realidad de cara: los españoles autóctonos (y los europeos en general) son una comunidad más entre otras en un territorio que ya no les pertenece. Europa es otro melting pot al estilo USA, con sociedades multirraciales y multirracistas. Es imposible saber cómo será España dentro de 100 años, pero es indudable que será muy diferente a la actual. Por ello, no hay que quedarse de brazos cruzados, sino trabajar con la vista puesta a largo plazo, sin fetiches históricos o salvacionistas.

Jordi Garriga
Autor: Jordi Garriga
Técnico industrial especializado en dirección de CNC. Colaborador en diversos medios españoles y del extranjero como autor, traductor y organizador. Ensayista, ha publicado varios libros sobre temas históricos, políticos y filosóficos. Ha sido militante y cuadro político en Juntas Españolas y el Movimiento Social Republicano.


Source URL: https://www.mediterraneodigital.com/opinion/columnistas-de-opinion/jordi-garriga/el-gran-reemplazo


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2025-12-04 20:53:14

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