Cervantes era un negro catalán

El miércoles 10 de septiembre ocurrieron varios eventos de importancia política. Por un lado, la mujer del presidente del gobierno, Begoña Gómez, declaró durante apenas cinco minutos ante un juez por un caso de malversación de caudales públicos. Mientras tanto, el gobierno que preside su marido, Pedro Sánchez, perdía la votación para aprobar la reducción de la jornada laboral hasta las 37 horas y media, con lo votos en contra del PP, VOX y Junts.
Afortunadamente, para ambos, por la noche se estrenaba en los cines Callao de Madrid la última película del talentoso director Alejandro Amenábar, “El cautivo”, en la cual se narra el cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel. En ese estreno además del presidente del gobierno también asistieron el ministro del Interior, Grande-Marlaska, el director Álex de la Iglesia, las actrices Belén Rueda y Nathalie Pozas o la humorista Henar Álvarez, entre otros. Ese día el mismo director acudió al programa La Revuelta. O dicho de otro modo, ese film cuenta con todas las bendiciones del poder político y del poder cultural en España, elogios de Pérez-Reverte incluidos.
La controversia, como todos ya sabrán, se basa en la posible relación homosexual del autor del Quijote con su captor musulmán. Según las palabras del director, “Cuando estaba en el desfile del Orgullo Gay y me preguntó un periodista qué habría escrito Cervantes sobre el Orgullo, digo, pues probablemente habría estado aquí en las carrozas detrás”. Amenábar, que es un declarado homosexual, hace una interpretación de la estancia de Cervantes en Argel en esa clave. Cae absolutamente en todos los tópicos modernos sobre un mundo musulmán donde hay libertad sexual y tolerancia sodomita, mientras que en el mundo cristiano solo había la santa Inquisición y las hogueras… Obviamente, ningún historiador serio puede respaldar esa fantasía, ante la cual este director mimado por el régimen, solamente puede decir que “entra dentro de lo posible” y se queda tan ancho.
Es evidente que la creación artística puede llenar lagunas de muchas biografías y eventos históricos sobre los que no hay datos, o muy pocos. Es perfectamente legítimo hacer películas que fantaseen sobre lo que pasó con tal o cual personaje aquí y allá. El problema surge cuando se ve de manera clara y rotunda su uso ideológico, sumado a una total incoherencia con el resto de la biografía. Pues es de sobras conocida la vida amorosa de Cervantes, con su esposa, su amante y su hija ilegítima. Y todos sabemos que a todo director, independientemente de su talento, le será más fácil recibir financiación y respaldo institucional si toca adecuadamente ciertos “temas”: elogio de la homosexualidad, alabanza del extranjero, exaltación del hedonismo, etc.
Y sin embargo, es curioso que nadie haya tocado el tema del esclavismo blanco en el norte de África, donde aproximadamente un millón de personas de origen europeo fueron raptadas y vendidas como mercancía humana por los piratas berberiscos. Y que tampoco haya una reflexión sobre los abusos sexuales en esa época y región, y ahí sí que no sería nada extraño que Cervantes hubiera vivido, más que amor, violaciones en toda regla. Pero no dejemos que la realidad estropee una buena historia.
Si se abre la veda de las reinterpretaciones históricas en el cine español (¡uf!), yo propondría una biografía de Cervantes retratado como un negro catalán: algo que podría contar con excelentes consejeros, Amenábar entre ellos (“no hay ningún retrato fidedigno de Cervantes”) y los majaretas que afirman que Cervantes era catalán (Miquel Sirvent). Minorías, Black Lives Matter, protofranquismo…
Ánimo, el papel lo aguanta todo, el celuloide también.
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