20N25: la fuerza de la nostalgia

Hace ya 50 años de la muerte de Francisco Franco y con ello la extinción de su régimen político. Y sin embargo, a día de hoy sigue siendo motivo de debates, disputas, interpretaciones, etc.
A día de hoy sigue habiendo franquistas y antifranquistas. Las medias tintas y las equidistancias caen mal y son sospechosas.
Es la fuerza de la nostalgia. Lo que sucede en este caso es que no es una actitud política, sino sentimental. Se ama o se odia algo idealizado en positivo o en negativo.
El Régimen del 78 usa esta nostalgia a su favor, por supuesto. En psicología diríamos que significa acabar simbólicamente con el padre. Necesita marcar una gran diferencia, ya que es su sucesor.
Entonces, el argumento para legitimar su existencia es que quién se opone al Régimen del 78 es porque desea un retorno al franquismo. Toda dificultad u obstáculo se mete en la cuenta de un presunto franquismo residual que todavía perviviría como cadáver que sale de su tumba.
Ese cadáver estaría tomando cuerpo en muchos jóvenes, transformados en nostálgicos de un régimen que vivieron sus abuelos. Son tildados por ello de ignorantes y descerebrados. Siguiendo esa lógica, los jóvenes que a su vez sienten nostalgia de la II República de sus tatarabuelos, deben ser doblemente ignorantes y descerebrados…
De todas formas, ambas actitudes son legítimas, porque se corresponden con un sentimiento, ya que nostalgia significa “dolor de no poder regresar a casa”. Y es que es un reflejo del mundo actual: los españoles hace mucho tiempo que no tenemos patria.
La nostalgia alrededor del franquismo es ante todo un sentimiento de movilización, manipulación y sobre todo legitimación o deslegitimación del actual y real Régimen del 78.
Para los franquistas los males actuales se relacionan con el final del régimen franquista y la reanudación bajo otra forma de la II República.
Los antifranquistas achacan los males actuales a la supervivencia del franquismo bajo otras formas en el Régimen del 78 y suspiran por otra República como la de 1931.
Ambas actitudes no son políticas, sino sentimentales y míticas. Tienen mucha fuerza y expresan algo que sí es real: que las cosas no van bien.
Lo que no significa automáticamente que antes fueran mejor, ni peor. Hablamos de una fuga irracional.
Los jóvenes que idealizan tanto al franquismo como a la II República no son ignorantes ni descerebrados. Buscan, donde les dejan, modelos, mitos y soluciones. España les duele y que ese dolor lo sientan siempre es una buena noticia, porque todavía hay patria. Dejad que se equivoquen por tener sangre en las venas.
El franquismo y el antifranquismo, al no ser actitudes políticas, sino sentimentales, son posturas realmente prácticas para el statu quo actual, ya que no representan ningún peligro para los verdaderos dueños del tinglado.
Las monarquía y las familias poderosas que fueron franquistas hoy son socialistas, peperas, podemitas o voxeras. A los datos me remito. Sus descendientes continúan en 2025 con la misma ideología de sus ancestros, la misma de 1975, 1945 o 1925: “Tú cuenta historias, que yo contaré billetes”.
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