Normalicemos nuevamente lo que siempre fue normal

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Normalicemos nuevamente lo que siempre fue normal

El virus Woke ha sido inoculado de tal manera en Europay en occidente, que cualquier cosa, por insignificante que sea, es tachado de “fascismo” por el mero hecho de emplear el sentido común.

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Decir que un hombre es un hombre y una mujer es una mujer te convierte en «tránsfobo». Decir que la inmigración ilegal masiva y sin control degrada nuestros barrios, colapsa la sanidad y la educación y sobre todo, que dispara la delincuencia, te convierte en «xenófobo». Decir que los niños no deberían estar expuestos a charlas de drag queens en los colegios te convierte en «homófobo». Y así hasta el infinito, porque el objetivo no es convencerte: es que te calles de una puta vez.

El pronóstico es terminal, pero el diagnóstico es sencillo: todo lo que durante siglos fue normal ahora es delito de odio y todo lo que siempre fue una aberración ahora es “progreso”.

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Hemos normalizado lo aberrante y demonizado lo normal.

Hemos normalizado aquellos casos en los que un menor extranjero no acompañado (MENAS para los amigos) robe, agreda y viole a una chavala, después salga en libertad a las pocas horas porque «es menor» y «está desprotegido». No es racismo, es aritmética elemental. Llegan cientos de miles al año sin papeles, sin formación, sin intención de integrarse. Nos venden que son jóvenes que vienen a aportar lo mejor de ellos mismos a nuestra sociedad, que vienen a brillar, pero la realidad es que muchos de ellos han sido excarcelados en Marruecos con la condición de irse de su país. ¿Dónde terminan todos esos miles de delincuentes excarcelados de Marruecos? La respuesta la tenéis con un simple paseo por el centro de Barcelona o el Casco Viejo de Bilbao, donde la propia Ertzaintza ha revelado que el 64% de los detenidos este año son extranjeros y habría que ver cuántos de ese 36% han sido nacionalizados en esos planes de regularización masiva impulsados por el gobierno del PSOE. Un MENA te roba el móvil, te parte la cara y a las 48 horas está otra vez en la calle porque “es menor” y “está en situación de vulnerabilidad”. Tú, que pagas sus manutenciones, sus abogados y sus pisos tutelados, eres el “xenófobo” por quejarte. Imagina por un momento si los 30.000 millones de euros que nos cuesta la inmigración al año se invirtieran para beneficio exclusivo de los españoles ¿Suena bien, verdad? Pues si lo crees, eres un racista.

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Hemos normalizado los casos en los que el lobby LGTBI pueda entrar en las aulas a explicar a niños de 5 años y que pueden cambiar de sexo si se lo proponen, masturbarse y “elegir con quien pueden tener sexo”, mientras a los padres nos tratan como delincuentes por oponernos y denunciar que eso es normalización de la pedofilia.

Porque claro, ¿Quién se atreve contra ese elefante rosa al que no se puede criticar? No estoy hablando de que cada uno folle con quien le dé la gana en su casa (eso siempre ha sido irrelevante). Hablo de que han convertido la orientación sexual en la nueva religión de Estado y a los niños en carne de cañón. Drag queens leyendo cuentos en bibliotecas públicas a niños de cinco años. Talleres de “masturbación anal” en institutos. Libros donde se explica a críos de primaria que pueden ser del “género no binario” o “fluido”. Y si te opones, eres un “homófobo retrógrado”. Están sexualizado la infancia y lo llaman “educación afectivo-sexual”. Yo lo llamo pederastia con subvención pública.

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Y mientras tanto… La corrupción. Ay, la corrupción. Aquí ya hemos tocado fondo y seguimos cavando con excavadora. Hemos normalizado que el partido que más ha robado en la historia de Europa siga gobernando como si nada. Hemos normalizado que el presidente del gobierno tenga imputado a su hermano, a su mujer, que su suegro le financiara con el dinero de sus saunas que en realidad eran prostíbulos, que tengamos al Fiscal General del Estado condenado por revelación de información, que el ex número 3 de ese partido haya salido ayer de la cárcel porque la Guardia Civil apunta que ha robado casi 7 millones en mordidas que se repartía con otros tantos golfos, que una presidenta regional monte orgías pagadas con dinero público y luego vaya de víctima del “lawfare”. Que un exministro se forre con comisiones de mascarillas en plena pandemia mientras nos encerraron en casa y mientras paraban la actividad de las empresas, enchufaban a sus putas en puestos públicos que pagamos todos. Aquí ya no hace falta ni disimular. Robas 600 millones, te pillan, y en vez de pudrirte en la cárcel te dan una tertulia en la SER y un puesto en un consejo de administración. Ser corrupto ya no es una vergüenza: es un plan de pensiones.

Y mientras tanto, lo normal se ha convertido en un delito a perseguir.

Trabajar duro es de «fachas». Defender tu país es de «fachas». Criar a tus hijos con disciplina es de «fachas». Querer que tus hijas puedan volver solas a casa sin miedo es de «fachas». Tener orgullo de tu historia (incluso con sus sombras, como toda historia) es de «fachas».

Y en el otro lado de la balanza, la generación más débil, consentida y estafada de la historia de España: la famosa “generación de cristal”. No es culpa suya, claro. Es culpa de la democracia de mierda que les han vendido. Les han educado en la religión de los derechos sin obligaciones. Tú no tienes que esforzarte, tú “tienes derecho” a un trabajo digno, a una vivienda, a no ofenderte nunca, a que nadie te lleve la contraria. Les han dicho que la autoridad es opresión, que la disciplina es fascismo, que el sacrificio es de pringados. Resultado: chicos de 30 y 35 años que viven con papá y mamá, que se pasan el día lloriqueando en TikTok porque “la vida es muy dura”, que necesitan terapia porque su jefe les ha dicho que lleguen a las 9:00 en vez de a las 10:15.

Les han robado todo –el futuro, la vivienda, la familia, la dignidad– y encima les han convencido de que la culpa es de Franco, que lleva 50 años muerto. Sí, de Franco. Ese señor que hizo que un obrero con un sueldo pudiera comprarse un piso en cinco años, criar cuatro hijos y tener SEAT 600 sin problema. Hoy, con dos carreras, máster, tres idiomas y 40 horas semanales, no llegas ni a final de mes, compartes piso y con suerte tienes un patinete, pero te dicen que debes estar agradecido porque ahora tenemos “Democracia”.

Porque claro, es mucho más cómodo tener a toda una generación lobotomizada con Netflix, porno gratis, Uber Eats y latte de avena, que tenerla en la calle pidiendo responsabilidades. Es más fácil gobernar a esclavos felices que a hombres libres cabreados, con testosterona y dispuestos a poner las cosas en su sitio.

Nos han quitado la libertad y nos han dado “derechos” de mierda que no valen nada. Nos han quitado la seguridad y nos han dado “diversidad”. Nos han quitado el futuro y nos han dado subsidios y orgullo arcoíris.

Así que no sé vosotros, pero yo ya estoy hasta los cojones de pedir perdón por querer vivir como una persona normal,

Normalicemos lo normal de una puta vez.

Alberto Pugilato, nuevo colaborador editorial de MEDITERRÁNEO DIGITAL

Alberto Pugilato
Autor: Alberto Pugilato
Patriota y cantante de Pugilato. Padre de 3 hijos. Activista NS perseguido y censurado. Anti-Agenda 2030.


Source URL: https://www.mediterraneodigital.com/opinion/columnistas-de-opinion/alberto-pugilato/woke


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2025-12-05 04:14:15

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