Toda papeleta cuenta.
Alguno ya celebra el triunfo, pero hay que culminar el ajustado recuento.
El escrutinio inicial de las elecciones presidenciales en Honduras deja entrever que el país podría estar ante un cambio significativo.
Con el 41% de los votos contabilizados, el candidato conservador Nasry Asfura, quien cuenta con el apoyo explícito del presidente estadounidense Donald Trump, se posiciona al frente con un 40,6% de los sufragios.
Muy cerca se encuentra Salvador Nasralla, periodista y político liberal, quien alcanza un 38,8%. Por su parte, el oficialismo izquierdista, representado por Rixi Moncada del partido Libre, queda rezagado con solo un 19,6%, lo que indica un fuerte retroceso para el movimiento fundado por el exmandatario Manuel Zelaya.
Este resultado preliminar confirma las inquietudes expresadas por muchos analistas: la izquierda hondureña, que ha estado en el poder durante los últimos cuatro años bajo la presidencia de Xiomara Castro, podría perder su dominio tras una jornada electoral caracterizada por una alta participación ciudadana y un clima de desconfianza en el proceso. El Consejo Nacional Electoral (CNE) ha procesado ya más de 6.500 actas de un total de 19.152, y los datos disponibles muestran una diferencia mínima entre los dos principales candidatos.
La posibilidad de errores y la cantidad de votos aún sin contar mantienen abierta la puerta a posibles sorpresas en los resultados finales.
Asfura, exalcalde de Tegucigalpa y empresario del sector construcción, ha centrado su campaña en promesas relacionadas con la seguridad, la creación de empleo y una mayor apertura hacia el mercado internacional. Su imagen como hombre pragmático y su respaldo por figuras como Trump y el presidente argentino Javier Milei han sido determinantes para su ascenso. En los días previos a las elecciones, Trump no solo mostró su apoyo a Asfura, sino que también advirtió que su administración solo colaboraría con él, asociando a sus oponentes con el “narcocomunismo” y el modelo venezolano. Este mensaje resonó en sectores conservadores y en parte del electorado joven, aunque también suscitaron polémica y críticas por lo que algunos consideran injerencia extranjera.
En cuanto a Nasralla, quien lleva más de diez años en política y ha intentado alcanzar la presidencia en cuatro ocasiones anteriores, se ha enfocado en combatir la corrupción y promover la transparencia. Su estilo directo y su propuesta de establecer una comisión internacional anticorrupción han capturado la atención de numerosos votantes cansados de escándalos políticos recurrentes. Sin embargo, su mensaje ha sido cuestionado debido a su historial político y su alianza con el oficialismo en 2021. Nasralla sostiene que la izquierda pretende llevar a Honduras hacia un camino similar al de Venezuela y Cuba, instando a sus seguidores a permanecer firmes en los centros electorales ante posibles irregularidades.
El partido Libre, que aspiraba a mantener la continuidad del gobierno izquierdista, ha recibido un duro golpe. Rixi Moncada se encuentra muy por debajo de lo esperado en cuanto a apoyo popular, lo que refleja el desgaste del gobierno actual liderado por Castro y la pérdida de respaldo en sectores clave. Desde el oficialismo han denunciado posibles fraudes y han instado a sus partidarios a mantenerse “en pie de lucha” hasta que se cuente cada una de las actas. Sin embargo, los datos oficiales no respaldan tales afirmaciones y desde el CNE insisten en que todo avanza con normalidad.
La participación ciudadana ha sido notablemente alta, superando los tres millones de votos contabilizados cuando aún quedaban muchas mesas por cerrar. El voto joven ha tenido un papel crucial; muchos han optado por Nasralla o han decidido abstenerse, convencidos de que no hay cambios reales dentro del sistema tradicional. El resultado final dependerá considerablemente del apoyo recibido en municipios rurales y de cómo logren movilizarse las bases partidarias durante estos últimos días del conteo.
La política hondureña está cambiando tras estas elecciones. El bipartidismo clásico entre el Partido Nacional y el Partido Liberal parece resurgir mientras la izquierda pierde fuerza. Quien resulte ganador deberá hacer frente a desafíos como la inseguridad, la migración así como gestionar las relaciones con Estados Unidos, China y otros países latinoamericanos. Todo apunta a que el mundo estará atento; lo que ocurra hoy definirá el rumbo futuro de Honduras durante los próximos años.
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