- Opini?n de Charo Lagares No, no todos tenemos buen gusto: el tab? est?tico que la modernidad se niega a admitir
- Entrevista Gilles Lipovetsky: “El ‘kitsch’ es hoy el espejo de nuestro mundo, est? en el consumo, los objetos, el cuerpo, el lujo…”
Si hay alguien en este pa?s que ha hecho de la vulgaridad un modo de vida, esa es sin duda Alaska. Contaba Nacho Canut en el documental Alaska revelada (Movistar Plus+) que su primer encuentro en el Rastro de Madrid vino motivado por las pintas. Ella vio a “un impersonator de Ramone” (Nacho Canut) y a “un dandi con gafas” (Carlos Berlanga) en un puesto de discos en el que sonaba el glam rock de los Sweet; ?l vio a una chica jovencita con un corte de pelo imposible, gafas de sol extravagantes y una camiseta de Kiss llena de imperdibles y recuerda aquel momento como si fuera ayer: “Nunca en mi vida, excepto a Carlos, hab?a visto a nadie af?n a m?. Na-di-e”.
Y lo que unieron las pintas lo confirm? la m?sica.
Una d?cada m?s tarde, Fangoria cantaba aquello de “Hagamos algo superficial y vulgar/ Algo tonto que hayamos hecho ya/ Cada d?a me cuesta un poco m?s/ Acostumbrarme a tanta vulgaridad/ As? que hagamos algo muy muy vulgar“.
- ?Qu? es lo ?ltimo superficial y vulgar que ha hecho Alaska?
- Uy, esto es muy complicado. Cuando escrib? el libro Transgresoras lo que quise fue transmitir es que la transgresi?n est? en los ojos que miran. Y aqu? sucede lo mismo. O sea, el sexo puede ser una vulgaridad o puede ser una maravilla, seg?n lo aprecies t?. As? que no me atrevo a definir nada como vulgar. Y por supuesto, como dec?a Warhol, para ser superficial o fr?volo hay que ser muy inteligente.
- ?Qu? parte de su carisma como artista atribuye a esa frivolidad?
- Todos tenemos prejuicios, yo tambi?n, pero hay algunos que est?n m?s extendidos, digamos que son la norma, y en ese ?mbito el exceso siempre est? mal visto. Quiz? tiene que ver con la Ilustraci?n: matamos a Mar?a Antonieta, nos cargamos Versalles y desde entonces somos todas muy finas. A partir de ah?, si te fijas, las d?cadas finas, como los a?os 50, luego siempre tienen un revulsivo, como los 70. Pasamos de no llamar la atenci?n a jugar, a re?rnos de nosotros mismos y, perd?n, pero recurro a otra cita. Dice Dolly Parton: “?Qu? os cre?is? ?Es car?simo parecer tan barata!”. Ese es precisamente el juego. La cultura popular siempre est? mal vista: los excesos est?ticos del gitano o de los rusos con dinero o del ‘country’, todo eso siempre est? mal visto porque hay que ser fina.
- ?Qu? porcentaje de humor hay en la vulgaridad?
- Te voy a poner un ejemplo muy claro: mi madre y yo. Yo tengo un concepto cuando compro una alfombra de leopardo. Tengo un mont?n de referencias est?ticas que me llevan hasta ah?: Elvis Presley, Dolly Parton… Mi madre no tiene ninguna referencia de esas: le gusta, y punto. En el fondo, ella es m?s sincera. Otro ejemplo: la se?ora de Wisconsin que pone pl?stico en el sof? para que no se le manche. Yo lo veo yo pienso: ?Guau! Como Joan Crawford. O como esas fotos de Martin Parr. Est? todo muy intelectualizado por mi parte. Lo fascinante de verdad es la gente que llega a ese mismo sof? sin conceptualizar nada, por puro gusto est?tico.
- Y entonces, ?qu? hay de consciente y de inconsciente en su gusto por el exceso?
- A m? me resulta ya muy dif?cil separarlo. En mi mundo estamos muy pervertidos por todas las referencias que tenemos desde adolescentes. Pero tambi?n es verdad que cuando t? con 12 a?os te fijas en Joan Collins sobre un fondo de leopardo y no en Joan Baez, pues algo tendr?s, ?verdad?
- Lo hortera y lo kitsch han sido hist?ricamente lenguajes de resistencia, desde el punk hasta la cultura queer. ?Mantiene hoy esa funci?n pol?tica?
- Este es, precisamente, un buen momento para plantearlo. En pleno imperio de la correcci?n pol?tica, de la uniformidad, de esa promesa de que todos vamos a ser felices en 2030, acumular objetos como urracas, acumular brillo es la mejor forma de ser contestatario.
- ?Es vulgar tildar algo de vulgar? ?Qu? dice de una sociedad asociar la frivolidad con la falta de profundidad?
- Esto va a ser siempre as?. Lo que pasa es que los tiempos cambian. Imagino que en los 50 llevar un brazo tatuado era una cosa s?per vulgar, pr?cticamente carcelaria. Y hoy en d?a, ves tatuajes hasta en las personas supuestamente m?s est?ndar de la sociedad. ?Cambia el concepto? Mmm… Depende del momento en que lo mires, todo va evolucionando.
“En pleno imperio de la correcci?n pol?tica, de la uniformidad, acumular objetos brillantes como si fu?ramos urracas es la mejor forma de ser contestatario”
- El otro d?a, una revista de decoraci?n titulaba: “S?, el animal print puede ser elegante”…
- [Interrumpe con vehemencia] ?Qu? necesidad de decir que es elegante! ?No lo es! No vamos a vender ahora que Dolly Parton es elegante, o que Cher es elegante, o que yo soy elegante. No. Basta. Cada uno es lo que es. ?C?mo es eso del greenwashing? Pues eso ser?a elegant washing. No, se?or. El leopardo no es elegante, y punto.
- Esta reivindicaci?n de lo hortera desde el establishment, ?es una victoria de la frivolidad frente al aburrimiento o pura apropiaci?n cultural del capitalismo?
- El capitalismo te vende eso y te vende lo contrario. Mira, la nobleza es elegante y el nuevo rico no lo es por definici?n. Y este es un prejuicio contra lo liberal que existe, yo que s?, desde que Jesucristo expuls? a los mercaderes del templo. Es una constante. Son esta especie de normas que, sin darnos cuenta, van pasando de una generaci?n a otra. Y cuando resulta que los nuevos ricos del mundo son rusos y compran ba?eras de oro, pues claro, la gente pues tiene m?s argumentos para agarrarse a esta teor?a.
- ?Hay algo que considere realmente vulgar, incluso para sus propios l?mites? ?Por qu? acto de vulgaridad no pasar?a Alaska?
- Esto es una gran contradicci?n porque yo soy una persona completamente apocada. Soy cero extrovertida, en realidad. La vulgaridad necesita extroversi?n y yo, en el fondo, no la tengo. Y eso da lugar a unos malentendidos tremendos: el t?pico momento en que te regalan una cosa y te dicen “bueno, es que es tan t?…”. Y lo miras y dices: “Dios, as? me ven”. Esa especie de idea equivocada de que te va a gustar tu cara hecha en un fotomat?n con un filtro falso de Warhol. No, no va por ah? la cosa.
“No vamos a vender ahora que el estampado de leopardo es elegante. No. Basta. ?C?mo es eso del ‘greenwashing’? Pues eso ser?a ‘elegant washing’”
- Usted tiene, de hecho, una fotograf?a real hecha por Warhol que se expone en museos. ?Ha sido esa la cumbre de lo kitsch en su vida?
- F?jate, es que no es ni siquiera en color. Ni siquiera est? retocada como la gente entiende que es un retoque tipo Warhol. Es una foto en blanco y negro sobre fondo negro. No tiene nada que ver con el mundo que la gente asocia con eso. Me encanta. Nunca lo hab?a pensado, pero ser un Warhol raro es maravilloso.
- Mario Vaquerizo y usted tienen una gran colecci?n de mu?ecas flamencas, el gran icono kitsch espa?ol. ?ltimamente se ven con buenos ojos est?ticos ese tipo de manifestaciones art?sticas, hist?ricamente denostadas. ?Por qu? ha vuelto a fascinarnos esa Espa?a?
- Ojal? fuera as?, pero entonces el Museo de las Mu?ecas Marin, que eran estas gitanas, no estar?a cerrado. A m? ya me interesaron en el 79 cuando se hizo una serie de cuadros gigantes representando a estas mu?ecas, as? que no entiendo muy bien esta moda. Lo que no te gustaba hace 20 a?os no tiene por qu? gustarte ahora. No seas boba. De repente ya no tienes prejuicios con Camilo Sesto o con estas mu?ecas. No tiene por qu? gustarte para hacerte la moderna. Era moderno en su momento y ya era divino en su momento.
- En un momento en que lo “aspiracional” est? dominado por lo minimalista y lo neutro, ?es defender lo excesivo la mejor forma de disentir del discurso dominante?
- Para m?, s?. Y ya no solamente lo excesivo, sino el objeto. El objeto ya no existe en la mente de mucha gente: el disco no existe, el libro no existe, la pel?cula no existe. Ese lema de que teniendo menos cosas ser?s m?s feliz me parece como para empezar una guerrilla ahora mismo. Y mi guerrilla empieza por las mu?ecas gitanas de Marin.
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