- Reconciliaci?n Rey Juan Carlos: “Franco me dijo ‘deje de retozar y c?sese’ y que parase de escribir cartas a misses con faltas de ortograf?a”
- Aniversario Nieves Herrero: “Como su padre, Carmen Franco no lloraba. La ?nica vez que lo hizo fue cuando muri? su nieto Fran”
El pr?ximo mi?rcoles los espa?oles podr?n leer al fin Reconciliaci?n, las memorias que Juan Carlos I ha escrito con Laurence Debray. Cuenta el anterior jefe del Estado que don Juan, su padre, ya le advirti? que un rey no deber?a escribir memorias. ?Y un dictador? ?Un gobernador “convenientemente autoritario”, como lo denomin? Luis Su?rez en aquel diccionario biogr?fico? Los ejemplos se confunden con la propaganda. Hitler y Mussolini publicaron Mi lucha y La mia vita en 1923 y 1928. Pero ellos, al contrario que Franco, no murieron en la cama. Por lo dem?s, Diario de una bandera (1922) fue un esbozo juvenil del entonces comandante Franco.
Tanto Luis Su?rez como Ricardo de la Cierva negaron que Franco dejara unas memorias. Tan solo notas dispersas para entrevistas, que pueden ser las que LOC ha incorporado a estas p?ginas, procedentes de las recopilaciones de manuscritos custodiadas en la Fundaci?n Franco. El 13 de mayo de 1976, De la Cierva public? en El Pa?s que hab?a quien “afirma que hab?a visto” las memorias de Franco y que exist?an “unas cintas de conversaciones grabadas en la pen?ltima hora; alg?n cuaderno de apuntes, algunas notas dispersas”.
En 2008, Stanley Payne y Jes?s Palacios, en Franco, mi padre, se?alaron que el dictador “no dej? redactadas ni dictadas sus memorias (que sepamos hasta ahora)”. Ambos preguntaron a Carmen Franco, que lo neg?. Seg?n Palacios, el Caudillo empez? a escribirlas pero solo lleg? hasta 1934; algunos fragmentos los incluy? en La historia totalitaria. El gurriato dice adem?s que Crist?bal Mart?nez Bordi? intent? vender un esbozo de memorias a Planeta, pero los archivos acabaron cedidos a la Universidad de Yale, donde pueden consultarse. All? est?, por ejemplo, la correspondencia entre Franco y Hitler.
Este consenso historiogr?fico contrasta con lo que cuenta Vicente Pozuelo (1918-1997) en Los ?ltimos 476 d?as de Franco (Planeta, 1980), donde narra el ?ltimo a?o de vida del general. Su testimonio sugiere que Franco s? empez? a dictar unas memorias ordenadas. “Diariamente practic?bamos un juego que a ?l le divert?a mucho. Trat?bamos de repentizar (hacer ejercicios de improvisaci?n) Para m? era importante que Franco consiguiera dominar su lenguaje. Simul?bamos, por ejemplo, que yo era el presidente de una de las muchas comisiones que iban a visitarle en audiencia”. Pozuelo grababa estas sesiones en cintas que despu?s revisaba con su paciente y correg?a “la foniatra”.
En una de esas ocasiones le propuso escribir sus memorias: “Creo que fue una buena idea. Le indiqu? que ser?a importante que los recuerdos que ten?a, la m?ltiple correspondencia que hab?a recibido (desde Churchill a Hitler y Mussolini), los documentos que guardaba… deb?a recogerlos en unas memorias ?ntimas. Era importante que contara c?mo hab?a sido su vida y tambi?n los condicionamientos que le hab?an conducido a obrar de una determinada manera. Le dije algo m?s: ‘Por otra parte, Excelencia, estas Memorias pueden convertirse un d?a en una garant?a econ?mica para su familia‘. Franco me miraba, pero a?n no dec?a absolutamente nada. Cuando crey? que hab?a terminado, me dijo: No tengo tiempo’. Ahora bien, estaba totalmente de acuerdo conmigo en que estas memorias ser?an importantes”.
El ?ndice
Para animarle, Pozuelo prepar? un ?ndice general basado en autobiograf?as que hab?a le?do. Franco lo aprob?.
“Era muy simple. Empezaba con los recuerdos del colegio y el ambiente de El Ferrol. Pas?bamos a los recuerdos familiares, sociales y escolares. El segundo cap?tulo se iniciaba con la ense?anza secundaria; en ?l explicaba el nacimiento de su vocaci?n militar y de su ilusi?n por la Marina. El tercero se refer?a a su fracaso y a su reacci?n psicol?gica ante ?l, cuando cerraron la Escuela de Marina a causa del ambiente antimilitarista derivado de la cat?strofe del 98. El cuarto hablaba de su ingreso en la Academia Militar y de su experiencia como cadete. El quinto incid?a en su primer destino de armas. El sexto, ?frica y su impresi?n de Melilla. El s?ptimo trataba de la entrada en esta ciudad en 1921. En el octavo, sus primeros ascensos por m?ritos de guerra. Despu?s ven?a un cap?tulo al que yo daba mucha importancia: la Legi?n. El d?cimo se refer?a al desembarco de Alhucemas e inclu?a la descripci?n del papel que hab?a desempe?ado el general Primo de Rivera y los peque?os enfrentamientos que tuvo con el que luego fue el Dictador. Segu?a otro cap?tulo dedicado a su ascenso al generalato. Otro cap?tulo pod?a dedicarse a la proclamaci?n de la Rep?blica, a su etapa como director de la Academia General Militar de Zaragoza y a sus gestiones primeras como pacificador. El decimotercero, en mi ?ndice, trataba del Movimiento Nacional en tres momentos: la disposici?n de la guerra, el comienzo de la misma y el final. A continuaci?n ven?a un cap?tulo sobre la Segunda Guerra Mundial, su actitud de neutralidad en ella, su documentaci?n y su correspondencia con los principales protagonistas de aquel conflicto. Continu?bamos con dos cap?tulos: uno sobre Hitler y otro sobre Mussolini. Despu?s, la terminaci?n de la Segunda Guerra Mundial” Y as? sucesivamente.
Posteriormente, las Memorias deb?an referirse —ya sin una capitulaci?n rigurosa— a los siguientes temas: el bloqueo de Espa?a, la etapa de autarqu?a, la recuperaci?n de nuestra econom?a (aqu? se deb?an incluir detalles como la fundaci?n del Instituto Nacional de Industria y del Seguro Obligatorio de Enfermedad), las relaciones internacionales (vuelta de embajadores, pactos y acuerdos de amistad), evoluci?n y desarrollo del r?gimen pol?tico y as? sucesivamente. Ese podr?a ser el libro. Su Excelencia, al verlo, lo aprob? sin reserva. Me dijo que hab?a hecho un buen trabajo y que cre?a poder ajustarse al patr?n que hab?amos marcado. Luego me indic?: ‘Debemos poner manos a la obra inmediatamente’”.
“Luego me indic?: ‘Debemos poner manos a la obra inmediatamente’”. Poco despu?s, Franco grab? una primera cinta. “Algunas jornadas despu?s me dio la sorpresa: ‘Aqu? est? grabada la primera cinta’. La escuchamos”. Para transcribirlas, Franco pidi? confiar la tarea a la esposa de Pozuelo. “Usted me ha dicho que su mujer le pasa a m?quina las cintas magnetof?nicas en las que graba los tratamientos a sus enfermos… Pues yo creo que la ?nica persona que puede hacer esto es ella”.
Entr? as? en escena Consuelo Ortueta. Franco estableci? el sistema: “No hay otro remedio. Yo grabo las cintas, usted se las lleva, Consuelo las transcribe, me las devuelven, las corrijo y nuevamente su mujer las pasa a limpio. (…) Los folios, una vez corregidos, Su Excelencia los guardaba en su propia caja de seguridad. Nunca abandonaba las cintas grabadas; siempre estuvieron sobre la c?moda”.
Primeros cap?tulos…
Pozuelo cont? a Carmen Franco: ‘He convencido a tu padre para que, sin escribirlas, grabe sus memorias’. Tendr?s el original para hacer de ?l lo que creas m?s conveniente….
Y Carmen respondi?: ‘Gracias’. Franco trabajaba solo en su despacho:
Preparaba cada sesi?n con un “laborioso plan” y ocultaba el magnet?fono bajo un expediente cuando entraba alguien. Las grabaciones, dice Pozuelo, se hicieron en cuatro etapas, en cintas de 60 y 90 minutos. Para su libro, Carmen Franco le permiti? reproducir algunos fragmentos: “Mi infancia fue corta y sencilla y no registra apenas hechos importantes. (…) La vida, hecha al empaque de una sociedad jerarquizada, era modesta y sencilla, aunque a espaldas de estas apariencias se registraban irritantes desigualdades sociales”. El segundo cap?tulo narra su paso por la Academia Militar de Toledo: “La ense?anza, en general, era rutinaria. (…) He de confesar que me cost? mucho adaptarme“.
Tras estos esbozos no se volvi? a saber de aquellas cintas. Pozuelo y Ortueta murieron sin hijos y legaron su patrimonio a una fundaci?n para la humanizaci?n de la medicina. Su sobrino, Jaime de Siles Ortueta, dice a LOC que siempre fueron discretos sobre lo vivido en El Pardo. Tambi?n deja deslizar que su t?o no escribi? el libro que le encarg? Planeta solo.
En la Fundaci?n Mara??n, de la que Pozuelo era disc?pulo, no se conserva ning?n material. Tampoco en la Fundaci?n Franco.
Pozuelo no volvi? a saber de aquellas cintas. El endocrino y su mujer murieron sin hijos y legaron su patrimonio a una fundaci?n para la humanizaci?n de la medicina. Su sobrino, Jaime de Siles Ortueta, dice a LOC que siempre fueron discretos sobre lo vivido en El Pardo.
En la Fundaci?n Mara??n, de la que Pozuelo era disc?pulo, no se conserva ning?n material de la mujer Consuelo Ortueta. Tampoco en la Fundaci?n Franco. ?Son una leyenda? “Las memorias, las cintas y las transcripciones, est?n ah?. Las tenermos. Lo que pasa es que solo le dio tiempo a hacer hasta antes de ser jefe de Estado en 1936 y tienen un inter?s relativo”, dice a LOC Francis Franco.
Concluye Pozuelo en el libro: “Al pasar las grabaciones a m?quina no se hac?a m?s que un original y una copia. Le entregaba tanto el original como la copia, para que ?l los utilizara cuando quisiera. Carmen Franco, hija del Caudillo, recogi? todo este material una vez muerto su padre”.
Source URL: https://www.elmundo.es/loc/famosos/2025/11/28/6926ed15e9cf4a10648b458d.html
