La vulgaridad ha triunfado, ?y qu?? “Puede ser una expresi?n espont?nea, incluso liberadora, de lo popular. Pero la chabacaner?a es otra cosa”

LA LECTURA

La vulgaridad ha triunfado, ?y qu?? “Puede ser una expresi?n espont?nea, incluso liberadora, de lo popular. Pero la chabacaner?a es otra cosa”

De la pol?tica a las relaciones sociales, de la m?sica a los museos… ?Se ha infiltrado la vulgaridad en todo? Hablamos con el music?logo Ram?n Andr?s, la ensayista Marta D. Riezu, el doctor en Humanidades Eloy Fern?ndez Porta y el polit?logo Xavier Coller

Fotomontaje con un Brontosaurio en un parque de Salton Sea (EEUU) y la venta ambulante de imaginer?a cat?lica en un vealtorio de Eslovaquia.GEORGE ROSE / TOMKI NEMEC
Actualizado Viernes,
28
noviembre
2025

00:07

En la taberna de Pica Lagartos, un antro s?rdido con olores a vino barato, lleno de humo y farolillos rojos, Valle-Incl?n ambient? una de las escenas m?s vulgares (y divertidas) de Luces de bohemia, la obra fundacional del esperpento. En la barra, el poeta Max Estrella asiste a toda una lecci?n de estilo chabacano, una ca?tica conversaci?n entre los parroquianos ebrios que incluye los insultos y expresiones m?s zafias de la ?poca. Como los espejos c?ncavos del callej?n del Gato, naci? como un estilo literario que deforma la realidad de forma grotesca y exagerada para sacar a la luz la verdad inc?moda: la corrupci?n del pa?s, la degradaci?n moral, las injusticias sociales. Un siglo despu?s, en un hipersaturado 2025, ?y si el espejo deformante de nuestra realidad l?quida est? en nuestro bolsillo, con selfis que reflejan una sociedad del rev?s, encapsulada en tuits, v?deos de 30 segundos de TikTok y reels de una cotidianidad impostada en Instagram?

Desde el nacimiento del esperpento, g?nero 100% aut?ctono como la picaresca, esa exageraci?n grotesca no ha hecho m?s que escalar, incluso en los museos, con pl?tanos pegados a la pared con una cinta industrial que alcanzan los 6,2 millones en subasta: el Comediante de Maurizio Cattelan que algunos visitantes no dudan en despegar y comerse, como ocurri? el verano pasado en el Pompidou de Metz. E incluso en el Parlamento: algunos de los insultos m?s originales de este 2025, como ?caniche de Gand?a? o ?ratonera de Valencia?-dirigidos a una ministra y una delegada del Gobierno- se pronunciaron en Les Corts de Valencia. ?Se ha infiltrado la vulgaridad en todas las esferas de la vida cotidiana? ?Vivimos en un esperpento 2.0? O, como dec?a Oscar Wilde, ?la vulgaridad es la conducta de los dem?s?

Para saber m?s

Desde el valle de Bazt?n, uno de los ?ltimos eruditos de nuestro pa?s, el ensayista y music?logo Ram?n Andr?s, comisario de los resucitados Encuentros de Pamplona (adonde ha tra?do a Premios Nobel y a los mejores pensadores del momento), reflexiona: ?La vulgaridad en su forma m?s b?sica puede ser una expresi?n espont?nea, incluso liberadora, de lo popular. Pero la chabacaner?a es otra cosa… Es la degradaci?n de la cultura por la repetici?n mec?nica, la falta de profundidad y la b?squeda del impacto f?cil. En cualquier caso, la vulgaridad, la extrema ordinariez de los tiempos, lo est? arrasando todo?.

El reggaeton y el trap son la comida r?pida de la m?sica. Est?n hechos para mecanizar m?s la mente.

Ram?n Andr?s

Premio Nacional de Ensayo en 2021 por el magno Filosof?a y consuelo de la m?sica (Acantilado), un tratado po?tico de casi mil p?ginas que nos adentra en el significado intelectual y espiritual de la m?s abstracta de las abstracciones, la m?sica, Andr?s opina sobre los g?neros de moda en los ?ltimos a?os, el reggaeton y el trap. ?Es la comida r?pida de la m?sica. Est?n hechos para mecanizar m?s la mente. La m?sica comercial -que es el 90% de la realidad aunque hoy existan muy buenos compositores- destaca por la repetici?n: ese saber lo que va a venir, unas letras completamente t?picas y a veces soeces. Eso va conformando nuestro cerebro, que no se abre ni a nuevas estructuras, ni a una escucha distinta, ni a lo que no conoce?.

Si la m?sica es un reflejo de las ideas y mentalidades de cada ?poca, ?qu? dice de nuestra sociedad el dominio del reggaeton? ?Pensamos que somos libres, pero nos falta rebeld?a, somos m?s violentos que rebeldes… En un mundo de ruido, saber valorar la m?sica es m?s dif?cil. Hemos perdido mucho o?do. Tenemos o?dos digitales y falta profundidad en nuestra percepci?n. La prisa, que es un equivalente del ruido, destruye el equilibrio cerebral. Como dec?a Jean-Fran?ois Lyotard, ‘vivir a prisa es olvidar de prisa’. Y las m?sicas de hoy son para olvidar, para nada m?s. Para pensar una m?sica o leer un libro se necesita tiempo. Y el tiempo no existe: estamos proyectados para una fuga sin fin?, argumenta. Una fuga que tambi?n desfila por las pasarelas.

Esculturas inflables de Doraemon y otros personajes en Puerto Victoria (Hong Kong), en un desfile.LUO MINGHAO

?Clase y elegancia?

?La elegancia es la ?nica belleza que nunca se desvanece. Un vestido debe ser arquitect?nico, debe tener una estructura que realce la silueta sin sacrificar la comodidad?, dijo Crist?bal Balenciaga en una de sus escas?simas entrevistas. Ay, si Crist?bal levantara la cabeza… se encontrar?a con una bolsa de basura con su nombre. Literal: un bolso gigante, Trash Pouch (2022), inspirado en los refugiados ucranianos que hu?an con escasas pertenencias en bolsas y que vale la friolera de 1.750 euros. Ha sido uno de los dise?os m?s pol?micos de Demna, el en?simo enfant terrible de la moda que ha dirigido Balenciaga durante diez a?os -en verano fue nombrado director creativo de Gucci- y la transform? en una marca con est?tica de mercadillo bajo la coartada del ugly chic (chic asqueroso) y la provocaci?n contra el sistema, aunque forme parte del conglomerado multimillonario Kering, propietario de Gucci, Yves Saint Laurent o Alexander McQueen.

?No s? por qu? ese argumento se centra siempre en Balenciaga (quiz? por ser un ejemplo extremo), cuando ha ocurrido lo mismo en otras casas desvirtuadas: Givenchy, Schiaparelli, Balmain, Lanvin… Entras hoy a la web de Vionnet y parece Mango con los vestidos para nochevieja. Es un error equiparar la modernizaci?n de una marca con simplificarla, reducir su carga conceptual y la calidad?, considera Marta D. Riezu, periodista especializada en moda y autora del delicioso ensayo Agua y jab?n. Apuntes sobre elegancia involuntaria (Anagrama), una especie de cuaderno de notas y memorias que se convirti? en un peque?o fen?meno. En su libro, empieza con una justificaci?n del t?tulo: ?Preguntaron a Cecil Beaton qu? es la elegancia, y respondi?: agua y jab?n. Que es lo mismo que decir: lo elegante es lo sencillo, lo honesto, lo de toda la vida?.

La moda-meme tiene el recorrido que tiene: es medi?ticamente explosiva, se apaga enseguida y no deja m?s herencia que el chascarrillo

Marta D. Riezu

?Qu? hay de la elegancia, de la sobriedad est?tica en tiempos de bisuter?a XL y ch?ndales hasta de Chanel? En las ant?podas de Balenciaga -por hablar de casos espa?oles-, Riezu sit?a a Loewe bajo la direcci?n de Jonathan Anderson, quien revitaliz? la imagen de una marca dormida para volver a convertirla en un referente del lujo contempor?neo sin perder su esencia. Y, de paso, facturar cantidades millonarias. ?Demostr? que si ofreces referencias culturales interesantes, si tratas al cliente como alguien inteligente, no se asusta, compra y fideliza. La moda-meme tiene el recorrido que tiene: es medi?ticamente explosiva, se apaga enseguida y no deja m?s herencia que el chascarrillo. La hace el dise?ador para su propio beneficio, no para el de la marca y mucho menos para el del comprador?, apunta.

En la ?ltima gala del Met, Kim Kardashian luci? uno de los vestidos Balenciaga de la colecci?n Destroyed -prendas cortadas o rotas- que habr?a ido a juego con el bolso Trash Pouch. Cuatro a?os atr?s se present? bajo un vestido-burka negro dise?ado por… adivinen, Demna. ?Es importante fijarse en el tipo de p?blico al que atrae ese tipo de prendas obvias: futbolistas, influencers perdid?simos, actores medio analfabetos, emprendedores agresivos, etc. Las almas simplonas siempre se buscan entre s?. Como adultos, debemos autoeducarnos para encontrar marcas que hagan prendas de calidad que duren muchos a?os. Todo lo dem?s es far?ndula. Es urgente huir de las tendencias, las redes y la tonter?a?, sostiene Riezu.

?Esa idea de elegancia definida por el fot?grafo y dise?ador Cecil Beaton -la de la sencillez honesta- se valora menos en una actualidad sobresaturada de im?genes, marcas y productos? ?Hoy, de hecho, es cuando m?s necesitamos huir de lo grit?n, lo desesperado por llamar la atenci?n, el despuntar a toda costa?, defiende la periodista, que naci? en Terrassa, ciudad industrial en el ?rea de Barcelona y cuna de la m?tica discoteca Pont Aeri, que abri? sus puertas en 1991 y que fue una de las mecas de la m?sica makina con su propio himno, el Flying Free de 1999 (y que hasta en 2023 Loreen revisit? en su canci?n Tattoo, ganadora de Eurovisi?n).

En los 90, la est?tica skin head con cazadoras bomber, vaqueros pitillos o ch?ndal tuvo su propia denominaci?n en las periferias espa?olas: los pelaos. Aunque luego, l?xico y est?tica (que no ideolog?a) evolucionar?an a quillo, garrulo, choni… Era la ?poca de la Ruta del Bakalao, del auge del tunning, de las raves en pol?gonos, de unos antih?roes del asfalto que provocaban fascinaci?n. Bigas Luna retrat? ese universo en Yo soy la Juani (2005), su filme con Ver?nica Echegui y Dani Mart?n. La Juani representaba el ?nuevo icono ib?rico?, seg?n Luna, con su uniforme de extrarradio de aros dorados, collares de pl?stico, chaquetas Adidas y minifaldas. Hace 20 a?os era la moda de la periferia, hoy es el look que lucen cantantes y actores, de Rosal?a a C. Tangana, pero tambi?n muchos j?venes -y los que no lo son tanto- de a pie. ?Ese tipo de subculturas resultan tan interesantes porque nos parece que representan una cierta inocencia, que est?n fuera del control comercial y que las personas consiguen divertirse y expresarse de forma libre y no condicionada. Aunque la realidad sea otra…?, matiza Eloy Fern?ndez Porta, atento y l?cido observador de la cultura popular, autor del celebrado ensayo Afterpop (Anagrama, 2007).

La distinci?n entre alta y baja cultura no siempre es f?cil de explicar, se dan solapamientos entre distintos estamentos

Eloy Fern?ndez Porta

Jersey azul cer?leo

Doctor en Humanidades, Fern?ndez Porta analiza el proceso de c?mo prendas y signos antes considerados vulgares han llegado al star system y se han validado: ?La moda es un arte aplicado, con la ropa vienen toda una serie de modos de vida, comportamientos y actitudes. Los coolhunters toman o roban ideas de la calle y las transforman de modo que sean consumibles y sirvan nuevamente para crear diferencias. Es un modo de elevaci?n, as? como existe el de vulgarizaci?n?. Para ilustrar la tensi?n entre lo elevado y lo vulgar pone dos ejemplos: El diablo viste de Prada y la teor?a del goteo que esboz? el soci?logo alem?n Georg Simmel en 1904.

?Recuerdan la escena del jersey azul cer?leo? Cuando Meryl Streep, en el papel de una Miranda completamente calcada a Anne Wintour, le dice a su ayudante Andy (Anne Hathaway) que su sobrio jersey azul es en realidad cer?leo y que por mucho que crea sentirse fuera de la industria de la moda y que lo eligi? libremente, en realidad ?fue seleccionado para ti por personas como nosotros?… Explica c?mo se filtr? de las colecciones de ocho dise?adores distintos a los grandes almacenes y luego ?hasta alguna deprimente tienda de ropa a precios asequibles donde t? sin duda lo rescataste de alguna cesta de ofertas?, apostilla Streep-Miranda-Wintour con exquisito desd?n.

Ahora toca el soci?logo alem?n: ?Seg?n Simmel, existen dos niveles: uno m?s alto y aristocr?tico, y otro m?s bajo, que puede llamarse popular o vulgar. De arriba abajo gotean una serie de productos y al caer al espacio inferior dejan de ser exclusivos, por tanto pierden prestigio y originalidad. De modo que la cadena de producci?n se tiene que poner en funcionamiento otra vez?, completa Fern?ndez Porta. Bebe un sorbo de agua en una terraza de Barcelona y contin?a: ?La distinci?n entre alta y baja cultura no siempre es f?cil de explicar, se dan solapamientos entre distintos estamentos. Pero s? hay una jerarqu?a, una estructura que diferencia: no es lo mismo Los cuatro fant?sticos que una pel?cula de Martin Scorsese, que a su vez no es lo mismo que una de Peter Greenaway, que no es lo mismo que el cine experimental de Alexander Kluge. Hay una barra separadora y se resit?a?.

Esa barra separadora distingue las supuestas ?lites culturales del supuesto vulgo consumidor. Recordemos que etimol?gicamente la palabra vulgar, del lat?n vulgus, simplemente designa al pueblo llano. En este sentido, Fern?ndez Porta reivindica una ?actitud intermedia?, un ?consumo ir?nico?: los placeres culpables, los divertimentos. ?Nuestro gusto nunca coincide del todo con nuestra educaci?n est?tica. Porque tenemos una sentimentalidad que escapa al orden de la est?tica. Lo llamamos placeres culpables porque es una declinaci?n del gusto, no una pasi?n, m?s bien una rendici?n al gusto m?s vasto?, explica.

Una tesis que ya defendi? en la exposici?n Bag Painting? de la Fundaci?n Vila-Casas, una de las mejores de 2023. Junto al artista Carlos Pazos buce? en las reservas del Museu Nacional d’Art de Catalunya para rescatar las obras m?s kitsch, cursis y horteras: que si un Cristo verde radioactivo, que si un bodeg?n con un porr?n y jud?as, que si una diosa griega en forma de nube rosa… ??Pero qu? es el buen gusto? Lo que las ?lites han llamado mal gusto pone en evidencia el inconsciente ideol?gico de la est?tica y crea una perturbaci?n de las formas creativas y civiles. Si una obra es mala, ?lo es por razones est?ticas o morales??, plantea.

Turistas brit?nicos, el pasado verano, en un hotel de Benidorm.CONCHA FERN?NDEZ

Hay un tono de bajeza, de barra de bar y de cu?adismo que resulta impropio de unas Cortes pero genera audiencia

Xavier Coller

El congreso no es las vegas

Si la vulgaridad ligera puede ser fuente de un placer simple y l?dico, ?qu? ocurre cuando se traslada al Congreso o los 17 parlamentos auton?micos? La teatralizaci?n de la pol?tica en Espa?a (Catarata), un breve y esclarecedor ensayo de Xavier Coller, catedr?tico de Ciencia Pol?tica en la UNED y doctorado por Yale, repasa los efectos de las broncas, trifulcas y algaradas -tal es su subt?tulo- en el imaginario colectivo. Aunque Arist?teles describ?a la pol?tica como la ciencia o el arte m?s elevado, ya que se ocupa del bien com?n, en los ?ltimos lustros asistimos a shows dignos de un ?plat? de televisi?n? o de un ?circo?, con ?actitudes del hooliganismo? m?s exaltado. El cl?max se produce los mi?rcoles de 9 a 10.30 de la ma?ana: la sesi?n de control al Gobierno.

?A diferencia de lo que pasa en Las Vegas, lo que ocurre en los parlamentos y se transmite por los medios no se queda en la c?mara, sino que termina calando en la poblaci?n?, advierte Coller, que emplea el t?rmino de teatralizaci?n para describir un fen?meno que no solo lleva a?os produci?ndose, sino que ?va en aumento?. ?Hay un tono de bajeza, de barra de bar y de cu?adismo que resulta impropio de unas Cortes pero genera audiencia. Muchos pol?ticos se quejan de que si eres serio y trabajas con discreci?n, intentando llegar a acuerdos por el bien com?n, pasas totalmente desapercibido. Pero si te dedicas a insultar, gritar y ser maleducado, eso te dispara como un tipo muy popular. Es parad?jico que para trascender tengas que recurrir a la bronca. Eso es la pol?tica 2.0 de hoy y uno de los grandes problemas de las democracias?, lamenta el polit?logo y soci?logo.

No es solo una conclusi?n suya: as? se expresan bajo el anonimato varios parlamentarios en activo que han participado en su estudio Comparative Candidates Survey, un proyecto internacional de la Universidad Pablo Olivado de Sevilla. Y ese es el punto fuerte de su libro: que se basa en las encuestas a 557 parlamentarios -el 30% del total de esca?os de nuestro pa?s- con entrevistas a una muestra de 59. ?Lo verdaderamente preocupante es el efecto que tiene este tipo de comportamiento en la poblaci?n. Y de eso son conscientes tambi?n los parlamentarios. Si un ciudadano ve que un diputado insulta a otro o que ejerce alg?n tipo de violencia simb?lica, y a veces no tan simb?lica, se puede ver legitimado para comportarse de la misma manera. Si un alto representante de la soberan?a popular se comparte as?, ?por qu? no lo voy a hacer yo??, suspira Coller. Y recuerda los datos del bar?metro de julio del CIS: para los ciudadanos encuestados el principal problema en Espa?a no era la corrupci?n y el fraude (13.1%), ni siquiera la vivienda (13,9%), sino los pol?ticos (14,1%).

La pregunta no es si hay espect?culo, sino cu?nto estamos dispuestos a tolerar. El exceso al que asistimos enfada y aleja a muchos ciudadanos

Xavier Coller

?La p?rdida de confianza y el descr?dito es muy grave. ?En qu? momento alguien se va a dar cuenta de que este camino que estamos emprendiendo es nefasto para el funcionamiento de la democracia??, plantea Coller, que durante sus a?os de estudios en Yale coincidi? con el profesor em?rito Joseph LaPalombara, uno de los grandes te?ricos de la ca?tica pol?tica italiana que ya en los a?os 80 utilizaba el t?rmino spettacolo para definirla.

Xavier Coller alerta del peligro de ese spettacolo: ?La pregunta no es si hay espect?culo, sino cu?nto estamos dispuestos a tolerar. El exceso al que asistimos enfada y aleja a muchos ciudadanos, sumi?ndolos en la desafecci?n y en al alienaci?n?. Porque el Parlamento no es Las Vegas. Ni la taberna de Pica Lagartos.


Source URL: https://www.elmundo.es/la-lectura/2025/11/28/6926c270fdddff24528b4591.html


Analyse


2025-11-28 22:21:14

Post already analysed. But you can request a new run: Do the magic.