Las razones por las que el régimen de los ayatolás en Irán no termina de desmoronarse

IRÁN EN CRISIS: EL RÉGIMEN RESISTE A PESAR DE SU DEBILIDAD

Las razones por las que el régimen de los ayatolás en Irán no termina de desmoronarse

Las masivas protestas de diciembre han sacudido al país persa, pero la dictadura islámica se mantiene firme gracias a su despiadado aparato represivo y a la fragmentación de la oposición

Las razones por las que el régimen de los ayatolás en Irán no termina de desmoronarse

Irán atraviesa su crisis más profunda en décadas. Las manifestaciones que comenzaron a finales de diciembre, motivadas inicialmente por la grave situación económica y el colapso del Ayandeh Bank, se transformaron rápidamente en un levantamiento contra el régimen de los ayatolás. Los comerciantes del Gran Bazar de Teherán, tradicionalmente leales al gobierno, convocaron una huelga general que se extendió a las 31 provincias del país. Organizaciones defensoras de los derechos humanos estiman que más de 5.000 personas han perdido la vida, aunque los medios estatales iraníes reconocen al menos 3.177 fallecimientos.

A pesar de la feroz represión llevada a cabo por los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica y su milicia Basij, el régimen continúa en pie. El canciller alemán Friedrich Merz afirmó el 13 de enero que «estamos siendo testigos de los últimos días y semanas de este régimen», pero la realidad es más compleja. La República Islámica se encuentra en su punto más vulnerable desde 1979, pero cuenta con mecanismos que le permiten resistir, incluso cuando su legitimidad se desmorona.

La máquina represiva como salvavidas

El régimen iraní ha decidido optar por una represión sin límites. Ha impuesto apagones generalizados de internet para ocultar las atrocidades cometidas contra su propia ciudadanía. Esta brutal estrategia resulta efectiva porque, como apunta el experto Siamak Namazi, «la táctica de supervivencia es simple y despiadada: matar a suficientes personas, con suficiente rapidez, para infundir terror en el resto y someterlo».

Sin embargo, esta táctica pone de manifiesto la debilidad intrínseca del sistema. Un régimen que solo puede sostenerse mediante la violencia extrema ha perdido toda legitimidad política. La población iraní ha dejado atrás el miedo. Las manifestaciones pueden ser menos frecuentes no porque haya disminuido el descontento, sino porque la represión es tan brutal que obliga a la ciudadanía a retirarse temporalmente.

La oposición fragmentada: su talón de Aquiles

La principal razón por la que el régimen no cae radica en la profunda fragmentación de la oposición. Los líderes en el exilio carecen de experiencia para organizar una resistencia civil eficaz y subestiman la disposición del régimen a masacrar a sus propios ciudadanos. Por otro lado, Occidente, especialmente Europa, muestra reticencias a respaldar activamente las protestas iraníes, lo cual debilita aún más los movimientos por el cambio.

Reza Pahlaví, hijo del último sah de Persia, ha intentado posicionarse como un líder capaz de unir las diversas corrientes opositoras. Sin embargo, expertos como Raffaele Mauriello consideran poco probable que su regreso sea viable. El sistema iraní no opera como una dictadura vertical tradicional; más bien funciona como un consorcio donde la Guardia Revolucionaria sostiene realmente el poder. Deshacerse del líder supremo Alí Jamenei no traería democracia alguna; simplemente daría paso a otro líder supremo.

La encrucijada geopolítica

Desde 1979, Estados Unidos e Israel han buscado un cambio de régimen en Irán, pero se enfrentan a un dilema estratégico considerable. No hay una alternativa clara al sistema actual. A diferencia de lo ocurrido en Venezuela, donde recientemente fue capturado Nicolás Maduro, Irán es un Estado con capacidad militar situado entre dos gigantes: Rusia y China. Convertirlo en un Estado fallido como sucedió con Libia o Irak sería catastrófico para toda la región.

La caída de Bachar el Asad en Siria, el debilitamiento de Hezbolá y las complicaciones en Irak han mermado la influencia iraní en Oriente Medio. No obstante, Irán sigue manteniendo redes de poder mediante milicias proxy en Irak, donde cuenta con 120.000 combatientes, así como apoyo a los houthis en Yemen. Un cambio de régimen tendría repercusiones globales; afectaría directamente los precios del petróleo, debilitaría tanto a Rusia como a China, y reconfiguraría el equilibrio geopolítico en toda la región.

El cambio generacional como única salida

Los expertos coinciden: cualquier transformación debe surgir desde dentro del propio régimen. Según Hamidreza Azizi, del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales, un «cambio generacional» dentro de la Guardia Revolucionaria podría ser crucial para redefinir el sistema actual. Los oficiales más jóvenes tienden a ser más pragmáticos y nacionalistas, priorizando la supervivencia del Estado sobre cualquier mitología revolucionaria.

La situación económica de la República Islámica es crítica; se encuentra agotada financieramente, ideológicamente desacreditada y socialmente dividida. Sin embargo, mientras no surja una alternativa sólida y viable —y mientras siga existiendo una oposición fragmentada— así como un aparato represivo cohesionado, es probable que el régimen continúe resistiendo ante esta crisis acuciante que ninguna represión puede resolver por sí sola.

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