ra llegada la hora, y francamente no le importaba. De hecho deseaba emprender el viaje lo antes posible. Ya no podía disimular más su sufrimiento. Y es que sus últimas horas se habían convertido en una lastimosa tragicomedia repleta de apariencias y mentiras.
Y es que no deseando aumentar la pena de los suyos, fingía no sentir dolor alguno, mientras que con una sonrisa en los labios, les decía cuánto les quería. Fue entonces cuando ella le preguntó:
– ¿Te duele, papá…?
– No; tan solo siento sueño.
Y así se despedía de este mundo con lágrimas en los ojos…, y en los labios, una mentira.
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Friedrich Nietzsche decía que lo que se hace por amor, está más allá del bien y del mal. Pensamiento este con el que, por una vez, comulgo con ´el excelso pirado´.
Y es que hay ocasiones en las que por el bien de la otra persona, es necesario decir la verdad por mucho que ésta duela; pero en el resto de situaciones, cuando la verdad simplemente hiere sin aportar ningún valor añadido, puede haber mucho más amor en una sola mentira que en el glacial e hipócrita puritanismo de la verdad de los fariseos.
Así, en este orden de cosas, cabría preguntarse cuantas veces, en aras de una ética, más moralista que moral, se utiliza farisaicamente la verdad, para hacer daño gratuito a aquellos que nos rodean.
Hay personas que en su fantasía viven en una burbuja, habiendo creado un mundo irreal e idílico, en el que son felices sin hacer daño a nadie; (un servidor, sin ir más lejos).
Y, pregunto yo: ¿Qué necesidad hay de quitarles la venda de los ojos? Acaso vamos a ser mejores personas por decirles la verdad; por ponerlas frente a un espejo, enfrentándolas con una triste realidad contra la que nada pueden hacer.
Verdades…; mentiras. ¿Dónde queda la verdad…? ¿Dónde habita la mentira…?
¿Relativismo moral? Tal vez… pero en ocasiones, el amor que respira una sola mentira, es capaz de avergonzar a un montón de verdades como puñales, tan crueles como gratuitas.
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POSTDATA:Obviamente el presente escrito nada tiene que ver con las mentiras compulsivas y a granel, con las que fustiga nuestra inteligencia el ´Gran Hermano´, o, por hablar de un tema de triste actualidad, el ´Oscarangután´. En el arte de la mentira egoísta y falaz, lo de ellos, no roza lo enfermizo, sino que lo rodea y le da por detrás. Deberían hacérselo mirar.
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