La política contemporánea se enfrenta a desafíos que exceden lo institucional y alcanzan lo ético y cultural. La incapacidad de ciertos ciudadanos y líderes para integrar perspectivas opuestas limita la deliberación y conduce a decisiones parciales, impulsivas o dogmáticas. Este ensayo desarrolla la tesis de que la superación de la hemiplejía moral —un concepto desarrollado por José Ortega y Gasset— requiere el ejercicio del ambidiestrismo político, conectado con la idea aristotélica del justo medio, como vía para corregir los límites de la democracia representativa.
Hemiplejía moral y los límites de la política partidista
Ortega y Gasset: diagnóstico de la hemiplejía
José Ortega y Gasset introduce el concepto de hemiplejía moral para describir la incapacidad de quienes se adscriben exclusivamente a una ideología política, ya sea de izquierda o de derecha, para comprender la complejidad de la vida social. Para Ortega:
«Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral…».¹
Esta limitación intelectual y ética bloquea la capacidad de juicio equilibrado y prudente, afectando tanto la esfera moral como la política.
Hemiplejía y democracia liberal
La adhesión incondicional a posturas ideológicas impide la deliberación racional y conduce a enfrentamientos constantes entre ciudadanos y partidos. Esto debilita la función de la democracia representativa como sistema de decisión colectiva informado y razonado.²
El ambidiestrismo político y el justo medio
Aristóteles y la virtud del justo medio
La tradición ética occidental ofrece un referente clásico para contrarrestar la hemiplejía: la doctrina del justo medio de Aristóteles. En Ética a Nicómaco, el filósofo afirma:
«Virtud, por consiguiente, es una disposición voluntaria, en medio — establecida conforme a la razón y por la razón que determinaría el hombre prudente — entre dos extremos que residan en nosotros, uno por exceso y otro por defecto».³
La virtud no consiste en tibieza o indiferencia, sino en prudencia (phronesis) para tomar decisiones equilibradas. En política, esto se traduce en ponderar continuidad y cambio, innovación y conservación, evitando decisiones extremas que puedan resultar contraproducentes.
Ambidiestrismo político: concepto y aplicación
El ambidiestrismo político implica integrar visiones opuestas para gobernar con equilibrio y juicio. Ortega sugiere que el político auténtico, más que un militante ideológico, debe ser gestor de la complejidad social, anticipando consecuencias y combinando continuidades y reformas con prudencia.⁴
La democracia representativa y sus límites actuales
La crítica de Jason Brennan
Jason Brennan, en Against Democracy, argumenta que la democracia liberal no solo falla en garantizar la elección de gobernantes competentes, sino que promueve hostilidad social, enemistad y confrontación entre ciudadanos.⁵ Esta situación es comparable a las rivalidades de aficionados de fútbol, donde la emoción sustituye a la deliberación racional y la cooperación se ve afectada.
Democracia, mayoría y derechos individuales
La democracia representativa, si no establece límites claros, puede degenerar en oclocracia, donde la mayoría impone su criterio sin respetar derechos fundamentales.
La Constitución Española de 1978 garantiza que España sea un Estado social y democrático de derecho, con división de poderes e imperio de la ley para proteger los derechos individuales⁶.
Sin protección efectiva de derechos fundamentales, la voluntad de la mayoría puede vulnerar la libertad de las minorías y del individuo, afectando vida, propiedad y seguridad.
El equilibrio como fundamento del buen gobierno.
Absolutos incuestionables y límites al poder de la mayoría
Para que la democracia funcione de manera estable, es necesario establecer absolutos incuestionables: derechos que ninguna mayoría pueda suprimir. La mayoría debe tener autoridad únicamente sobre cuestiones operativas, no sobre principios fundamentales que garanticen la libertad de todos.
Educación cívica, reflexión filosófica y autonomía intelectual
Ortega subraya que la solución no es solo institucional, sino también cultural: la educación filosófica y cívica es esencial para formar ciudadanos capaces de juicio independiente y crítico. Sin reflexión, la política se degrada en espectáculo y la sociedad queda supeditada al impulso de las masas y a consignas repetidas sin análisis profundo.¹
Conclusiones
La hemiplejía moral y política limita la capacidad de las democracias representativas para funcionar de manera estable y justa. La superación de esta condición requiere:
- Ambidiestrismo político basado en la ética del justo medio.
- Protección de los derechos individuales como absolutos incuestionables, limitando el poder de la mayoría en cuestiones esenciales.
- Formación de ciudadanos capaces de deliberación crítica y prudente.
Esta combinación garantiza una democracia que favorezca la cooperación, la justicia y la paz social, integrando referencias clásicas y contemporáneas para enfrentar las limitaciones de los sistemas representativos actuales.
Bibliografía
- Ortega y Gasset, José. (1937/2014). La rebelión de las masas. Madrid: Revista de Occidente, p. 37.
- Ibid., pp. 45‑52.
- Aristóteles. (s. IV a. C.). Ética a Nicómaco (Traducción: José Antonio González, 2004). Madrid: Gredos, Libro II, 1106b36‑1107a2.
- Ortega y Gasset, op. cit., pp. 38‑40.
- Brennan, Jason. (2016). Against Democracy. Princeton: Princeton University Press, p. 89.
- Constitución Española. (1978). Boletín Oficial del Estado, Título Preliminar.
- Aristóteles, op. cit., Libro II; Ortega y Gasset, op. cit., pp. 42‑43.
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