Evaristo Páez Rasmussen escribe su columna El silencio como arma y estrategia de supervivencia: «SEGÚN el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2025 de Reporteros Sin Fronteras, más de la mitad de la población mundial reside en países donde la libertad informativa es considerada muy grave». Este artículo, publicado recientemente en Diario de Sevilla, denuncia el alarmante retroceso en la libertad de expresión, con China destacándose como la mayor prisión para periodistas y un aumento en el uso de métodos sofisticados incluso en naciones democráticas.
La idea central que plantea Páez Rasmussen, un economista agudo en el análisis de dinámicas globales, es que el control sobre los medios y la erosión del sistema judicial permiten abusos sin ningún tipo de contrapeso. Además, fenómenos como la autocensura y los algoritmos sólo agravan esta preocupante situación. Comienza con datos inquietantes: «China continúa siendo la mayor cárcel de periodistas del mundo, Corea del Norte solo permite propaganda estatal, Eritrea prohíbe cualquier medio independiente. Cuba lleva más de medio siglo sin contar con medios libres». Este panorama tan conocido se complica aún más por el deterioro digital; Freedom House ha documentado 15 años de retroceso en la libertad en internet, con 296 apagones registrados en 54 países durante 2024.
Desglosando sus argumentos fundamentales, el autor establece una conexión entre el asedio a los medios y la captura del poder judicial. Cita textualmente: «En Polonia, el PiS intentó reformar los tribunales Supremo y Constitucional para controlar directamente los nombramientos. En Turquía, tras el fallido golpe de 2016, miles de jueces y fiscales fueron destituidos». En Nicaragua y Estados Unidos, se repite este patrón: primero dominar la narrativa y luego eliminar los controles. Sin una prensa ni un sistema judicial independientes, «no hay una fiscalización efectiva del poder. No hay consecuencias para los abusos».
Otro párrafo clave ilustra cómo la autocensura actúa como un silenciamiento sutil: «El primero es una forma de autocensura. La conciencia de que expresar una opinión puede tener costes potenciales mientras que callar no tiene ninguno. Quien redacta un artículo hoy, publica un tuit o comparte algo en redes sabe, o debería saber, que ese contenido permanecerá para siempre en una base de datos accesible a cualquier futuro empleador». Los algoritmos complican aún más las cosas mediante «cámaras de eco” y “burbujas de filtro”, amplificando lo polarizante para captar atención.
Páez Rasmussen aboga por una resistencia individual ante la falta de soluciones sistémicas. Señala: «Tiene sentido suscribirse a medios que consideremos todavía libres. No porque sean perfectos, sino porque necesitan sobrevivir. Cada suscripción es un voto por mantener voces que no dependen del favor del poder». Recomienda tomar distancia respecto a las redes sociales, usándolas como herramientas sin entregar el control mental. Concluye contundentemente: «Callar puede ser una estrategia de supervivencia, pero una sociedad donde las únicas opciones son el silencio o la apatía está condenada a perder lo que realmente es».
En un mundo marcado por apagones digitales y juicios politizados, esta reflexión invita a romper con este ciclo mediante suscripciones conscientes y un escepticismo hacia los algoritmos, asegurando así que se preserve el pensamiento independiente.
Source URL: https://www.periodistadigital.com/politica/opinion/columnistas/20260126/silencio-arma-letal-libertad-prensa-democracia-noticia-689405175222/