Inmigración: entre rufianes anda el juego

Hace poco el diputado de ERC, Gabriel Rufián, muy conocido por sus performances y por publicar sus ocurrencias en X, sorprendía a más de uno afirmando que sí, que la inmigración es un problema, que es necesario que la izquierda hable de ello, que solo hace falta escuchar a la gente normal de los barrios para saber que eso es un problema grave. Nada mal para alguien que muy poco tiempo antes lo negaba todo y atribuía a la malvada ultraderecha un discurso totalmente falso e irreal. Parece que ya no lo es tanto…
Pero que nadie se llame a engaño. Esta repentina iluminación tiene un nombre: Aliança Catalana. Hasta ahora, que hubiera un gran partido español de extrema derecha hasta le iba de perlas a ERC y el separatismo en general. Les servía para agrupar al rebaño invocando el miedo a un regreso a un presunto franquismo larvado en el malévolo Estado español, así como no preocuparles el hecho de perder votos, ya que sus bases jamás iban a votar a VOX, a pesar de todos los problemas que genera la inmigración masiva. Pero algo ha cambiado: sus bases irán a votar en masa a Aliança Catalana, y a esas bases no les preocupa mucho que les digan que eso es fascismo porque desde hace décadas se ha difundido la cultura de que los catalanes somos un pueblo donde nunca ha habido fascismo y donde es imposible que lo haya… Imbuidos de semejante discurso moralmente superior, los catalanes no ven a Aliança como un partido fascista. De hecho, están mentalmente impedidos para pensarlo gracias al lavado de cerebro del último medio siglo. Somos como una especie de Pueblo santo siempre oprimido según la ideología de la oligarquía catalana.
Es decir, no es que Gabriel Rufián se haya caído del guindo, es que tiene miedo de caerse de la poltrona y reacciona en consecuencia. Otro que sigue viviendo del cuento gracias al Régimen, Pablo Iglesias, le ha criticado públicamente, afirmando que “Los nazis huelen la sangre como los tiburones. Comprar, aunque sea mínimamente, el discurso que asocia migraciones y seguridad, es un error. La inseguridad la provoca no poder pagar el alquiler, no los migrantes. Cada centímetro cedido a los nazis, les acerca más al gobierno”.
Para Pablo Iglesias y los suyos sólo existe el proletariado como categoría universal, global, y no nacional. Luego son incapaces de comprender el desaguisado que provoca la inmigración masiva, como la subida de los precios de los alquileres debido al aluvión poblacional que hace de la vivienda un bien escaso, aparte de lo mucho que favorece al sistema capitalista. Cuando esta izquierda occidental interpreta que todos los problemas de convivencia y delincuencia son usados por los patronos y por la ultraderecha, no desea ver que en realidad se trata de que la clase obrera de cada país receptor sufre un grave retroceso en sus derechos sociales y laborales debido a esa masividad, fomentada desde arriba para rebajar costos y disponer de mano de obra barata constantemente. Los problemas de convivencia se deben a modos de vivir y culturas que no tienen nada que ver entre sí y que se ven obligadas a compartir espacio. La criminalidad se debe al hecho de que la mayoría son ilegales que buscan sobrevivir, o bien aprovechan una legislación hecha para una población con unos determinados valores y desarrollo histórico del que aquellos carecen. Lo que llaman ultraderecha tiene en el centro de su pensamiento a la identidad nacional como el vector social, más allá de la economía, mientras que los autoproclamados marxistas afirman que toda identidad nacional es un estorbo para la emancipación de la clase obrera.
Una sociedad fragmentada y heterogénea es una sociedad que nunca pasará del estadio de enfrentamientos tribales, algo que favorece a los poderosos, oligarcas y plutócratas. Una sociedad homogénea que comparta valores e historia, enmarcada en un Estado soberano, no cae presa tan fácilmente ni de poderes extranjeros, apátridas, o de autócratas. En el momento actual, todas las democracias occidentales viven y se someten a la lógica del Capital: rentabilidad, productividad, beneficio y mercado global. El pueblo soberano pasó a la historia.
El caso es que, de momento, los beneficios de la inmigración masiva, con mano de obra esclava, atomización social y muy rentable tutorización de menores desamparados superan a las pérdidas que puede haber por otro lado. Es decir, que si bien hay noticias a diario de apuñalamientos, palizas, violaciones, robos, narcotráfico, etc., eso más o menos no es un problema, es algo soportable: Los ciudadanos y nuestros problemas les importamos una mierda, no formamos parte de su mundo. No compartimos espacios con ellos, con políticos y banqueros: no vamos a los mismos hospitales, ni nuestros hijos van a las mismas escuelas, ni vivimos en los mismos barrios ni usamos el mismo transporte público. Nos ven de lejos e insignificantes.
Por eso, oír hablar en el Parlamento de esta cuestión solamente nos tiene que hacer pensar en qué intereses suyos ven ya amenazados, y en cómo lo van a solucionar, porque el día que empiecen a cerrar fronteras y deportar en masa, es porque ya habrá dejado de haber beneficio. Para ellos. Y no les temblará la mano ni tendrán escrúpulos ideológicos de ningún tipo.
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