Un marroquí detenido por maltratar y torturar a su mujer sólo tendrá que hacer «un cursillo de igualdad»

Maltrato, aislamiento, terror psicológico… y la Justicia lo resuelve con “formación en igualdad”
Nuevo episodio surrealista en la justicia española. Un inmigrante marroquí que secuestró, aisló y maltrató a su mujer durante meses en Cataluña —un caso de violencia continuada, coerción y control absoluto— evitará la prisión. ¿La alternativa? Un cursillo de “reeducación en igualdad”, obligatorio según la doctrina del feminismo institucional.
La sentencia, que ha generado estupor entre juristas y ciudadanos, sustituye la pena de prisión por lo que los tribunales llaman “medidas formativas de sensibilización”. O, dicho en palabras que cualquiera pueda entender, un taller ideológico para convencer al agresor de que debe “replantear su masculinidad”.
Mientras tanto, la víctima vivió un auténtico infierno:
- Aislamiento del exterior.
- Control permanente.
- Amenazas continuadas.
- Agresiones psicológicas y físicas.
- Privación de libertad en su propio hogar.
Un caso que, según los informes policiales, reúne todos los elementos de una relación de maltrato extremo. Pero aun así, sin prisión efectiva.
Un mensaje devastador para la sociedad
El mensaje que queda es tan inquietante como evidente: maltratar, aterrorizar y controlar durante meses a tu pareja puede saldarse simplemente con un cursillo de igualdad.
Ni ingreso en prisión.
Ni expulsión del país.
Ni inhabilitación.
Ni medidas ejemplarizantes.
Solo un taller subvencionado.
La doble vara de medir que nadie quiere reconocer
Resulta llamativo que, en plena ofensiva política contra la violencia machista, algunos de los casos más graves queden en penas simbólicas cuando el agresor pertenece a colectivos especialmente protegidos por el discurso oficial.
Si el culpable hubiera sido un español, blanco y heterosexual, ya estaría condenado en portadas, editoriales y tertulias antes incluso de pisar un tribunal.
Pero cuando el agresor es marroquí, extranjero o recién llegado, el relato cambia: “hay que comprender el contexto”, “es una cuestión cultural”, “necesita educación en igualdad”,
o “no hay que criminalizar colectivos”.
Una justicia sin efectos disuasorios
Mientras el Gobierno presume de endurecer leyes y crear nuevas figuras penales, la realidad es que cada vez más agresores evitan la cárcel en favor de cursos teóricos que, según los propios expertos, no tienen eficacia probada en perfiles violentos.
Un peligroso precedente: si la sociedad percibe que maltratar sale barato, la protección real de las víctimas queda en entredicho.
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