La UE monta en Bruselas un «Belén inclusivo» con figuras sin caras

La capital de la Unión Europea vuelve a superarse.
Bruselas ha inaugurado este año un Belén “inclusivo” y “neutro”, cuyas figuras —ni María, ni José, ni los Reyes Magos— tienen rostro. Literalmente: están sin cara. Para no ofender a nadie.
La explicación oficial es que, al eliminar rasgos humanos, se evita “ofender sensibilidades religiosas, culturales, étnicas o identitarias”.
Traducción: Europa ha decidido celebrar la Navidad… sin Navidad.
Un Belén desinfectado para no molestar a nadie
Las figuras, completamente lisas, sin ojos, sin boca y sin expresión alguna, parecen sacadas de un museo de arte conceptual más que de una tradición de más de dos mil años.
La justificación del Ayuntamiento de Bruselas es todavía más desconcertante: “Queremos que todos los ciudadanos, independientemente de su origen o creencias, se sientan representados.”
Representados… ¿por figuras sin rostro?
Los Reyes Magos… también sin rostro
Los icónicos Melchor, Gaspar y Baltasar —símbolos de la Epifanía, tradición común a millones de europeos— aparecen reducidos a tres siluetas anónimas que podrían ser perfectamente: una lámpara, una estatua minimalista o tres maniquíes olvidados en un escaparate.
Bruselas no quería ofender.
Lo ha conseguido: no emocionar a nadie.
Europeísmo versión “modo avión”
La escena completa parece una metáfora de la Unión Europea actual:
- Tradiciones vaciadas de sentido
- Símbolos rebajados hasta la irrelevancia
- Identidad convertida en un formulario administrativo
- Y una Navidad reducida a un adorno políticamente correcto
La Navidad, para Bruselas, ya no es un relato religioso ni cultural: es un trámite.
“Inclusivo”, pero sin espíritu
Mientras en Polonia, Italia o España las ciudades compiten con Belenes gigantes, luces y tradición, la capital europea opta por la fórmula más estéril:
Navidad sin rostros, sin símbolos y sin identidad.
Un Belén hecho para que nadie proteste… y en el que nadie cree.
Europa ya no celebra, simplemente gestiona
El Belén sin caras de Bruselas es el ejemplo perfecto de una idea que se repite año tras año: la UE quiere agradar tanto a todos que acaba desconectada de todos.
La Navidad europea ya no ofende. Pero tampoco inspira. Ni emociona. Ni dice nada.
Europa ha perdido completamente su identidad cristiana. No hace falta mirar hacia afuera: tenemos al enemigo en casa.
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