Sentado en un hospital de campa?a ubicado en el este del pa?s, el teniente coronel Roman Kuzic observa en su tel?fono, en tiempo real, las estad?sticas m?dicas del escenario b?lico. Una de ellas es un gr?fico en forma de c?rculo, dominado casi absolutamente por el rojo. El dibujo confirma la revoluci?n que ha generado el uso masivo de aeronaves tripuladas por control remoto (UAS, por sus siglas en ingl?s) en el campo de batalla y, por ende, en su especialidad: la medicina militar.
El queso casi totalmente rojo recuerda que ahora el 98% de los heridos lo son a causa de la metralla. Las v?ctimas de lo que anta?o defini? la guerra -los combates a tiros- ocupan una franja m?nima en la recreaci?n. “S?lo recibimos un 1,9% de heridos por bala. Todo es trauma por metralla y explosi?n”, apunta Kuzic.
“La doctrina OTAN se basa en la llamada golden hour [la hora de oro], en la que se supone que se debe evacuar a los heridos. [En Ucrania], la media real de evacuaci?n de la zona de la muerte [el ?rea cada vez m?s amplia bajo amenaza de los UAS] es de entre cinco y seis horas. Eso significa que los soldados pasan mucho m?s tiempo con el torniquete que el aconsejado”, relata el m?ximo responsable de las fuerzas m?dicas del este del pa?s.
La conversaci?n se interrumpe cuando el hospital recibe a un soldado del frente. Tiene dos heridas en la pierna: una en el pie y otra en el muslo. Lo traen sin torniquete, pero con las zonas machacadas por la metralla cubiertas con vendas israel?es.
Las nuevas t?cnicas de la medicina de combate ucraniana se apartan de la m?xima de la OTAN, que recomienda siempre “colocar el torniquete lo m?s alto y lo m?s fuerte posible porque en una hora les sacar?n de all?”, recuerda Kuzic.
Las circunstancias de la guerra moderna que afrontan los ucranianos les han llevado a recomendar un uso restrictivo de esos tornos y, siempre que las condiciones lo permitan, complementar su uso con m?todos de control de hemorragia menos agresivos (como gasas hemost?ticas o el citado vendaje israel?).
“Si la hemorragia vuelve, se procede a colocar de nuevo el torniquete, pero lo m?s cerca de la herida posible, sabiendo que te tendr?n que amputar el miembro, pero as? no lo perder?s por entero”, a?ade Kuzic.
La aplicaci?n del torniquete mucho m?s all? de lo recomendado en los manuales de la OTAN es uno de los motivos -aunque ni mucho menos el ?nico- del ingente n?mero de amputaciones que enfrentan los militares ucranianos. Los expertos calculan que hay decenas de miles de uniformados que han perdido alg?n miembro: entre 30.000 y 100.000, seg?n las estimaciones de diferentes ONG y algunas instituciones ucranianas. En comparaci?n, el Departamento de Defensa de EEUU se?ala que en los conflictos de Irak y Afganist?n, un periodo de 16 a?os, sus tropas s?lo registraron 1.705 amputaciones.
Los datos que maneja Kuzic son un continuo alegato que pone en cuesti?n todas las lecciones asumidas durante las pasadas d?cadas en materia de conflictos. Cifras que incluso hacen plantearse el car?cter adecuado de los habituales chalecos antibalas que usan militares o socorristas. “Los drones suelen explotar a la altura de la cabeza. Tenemos un 20% de heridas en los t?mpanos. Otro 20% con heridas en el cuello y la cabeza. Son heridas muy graves. Mucha gente pierde la visi?n. Hay que pensar en modificar el dise?o de los cascos para cubrir la cara“, opina el teniente coronel.
Kuzic es uno de los muchos militares que llevan meses alertando a sus hom?logos de las fuerzas armadas de pa?ses europeos integrados en la OTAN sobre el desfase absoluto que han percibido en las t?cticas de esos ej?rcitos, que han estado entrenando a los uniformados ucranianos.
Desde el inicio de la invasi?n general rusa, m?s de 100.000 uniformados ucranianos se han formado en decenas de pa?ses miembros de la Alianza Atl?ntica.
Quien fuera el jefe de los militares ucranianos y ahora embajador en el Reino Unido, Valerii Zaluzhnyi, lanz? ese mismo aviso en primavera, alertando de que -seg?n su opini?n- la Alianza Atl?ntica se ha quedado completamente “obsoleta”.
El pasado mes de mayo, Zaluzhnyi, particip? en una conferencia en la capital brit?nica en la que se?al? que el retraso de los ej?rcitos de los pa?ses europeos no se solucionar? con “alg?n rearme” o una “transformaci?n de la industria armament?stica”.
“Necesit?is una nueva pol?tica de Estado. La naturaleza de la guerra moderna dista mucho de c?mo opera actualmente la OTAN. Significa nuevas t?cticas, nueva organizaci?n, nueva doctrina, nuevo entrenamiento y planes de defensa”, indic?, y estim? que incluso si la asociaci?n de estados cambia ahora mismo sus m?todos militares, necesitar?a cinco a?os para ponerse al d?a respecto a c?mo se combat?a en el a?o 2024.
Como escrib?a en un reciente an?lisis el Instituto de Guerra Moderna de West Point (EEUU), parte de la Academia militar de ese pa?s, la OTAN “corre el riesgo de volverse irrelevante al entrenar a los ucranianos para batallas idealizadas, no para la guerra ca?tica, de desgaste y basada en el uso de drones. La guerra ruso-ucraniana ha revelado una verdad inc?moda: Ucrania puede estar ense?ando m?s a la OTAN que al contrario“.
El dictamen de los expertos era muy similar al de Zaluzhnyi: las fuerzas armadas europeas se entrenan con “disciplina” para la “derrota” que anticipa el informe.
Los militares ucranianos consultados para este reportaje se quejan una y otra vez de que las fuerzas de la OTAN usan en sus pr?cticas modelos basados en la guerra de Irak y Afganist?n, donde los drones no ten?an el papel omnipresente de hoy en d?a.
“La realidad de la guerra moderna nos muestra que el entrenamiento en el extranjero, a menos que se adapte a las condiciones ucranianas, no s?lo no es efectivo, sino peligroso“, escribi? el diario Ukrainska Pravda en un an?lisis sobre las bajas sufridas por las agrupaciones que se hab?an formado en Europa.
Las carreteras que llevan hasta otro centro hospitalario, tambi?n dependiente del sistema sanitario establecido por Kuzic, est?n plagadas de los nuevos modelos de mangal (los veh?culos cubiertos de planchas de metal y hasta picas al puro estilo Mad Max) y de las redes antidrones que definen el nuevo paisaje de las regiones pr?ximas a los enclaves donde los ucranianos intentan frenar el avance ruso.
Giro del conflicto
Junto a la ruta aparecen nuevas fosas antitanque, l?neas interminables de dientes de drag?n (obst?culos de cemento) y alambradas, aunque la ausencia de blindados en el ?rea es otro reflejo del giro abismal que ha adquirido el conflicto.
El habit?culo bajo tierra es el segundo que se instala en la zona del frente. Nada permite adivinar que debajo de los mont?culos de tierra se esconde un complejo de m?s de 300 metros cuadrados dotado de quir?fanos y unidad de cuidados intensivos, pese a encontrarse bajo el rango de acci?n de los drones rusos.
“Ya tenemos casi un 30% de los puntos de estabilizaci?n [otro nivel de asistencia previo al traslado a los hospitales] escondidos en el subsuelo”, refiere Kuzic.
La ?ltima vez que el equipo bajo las ?rdenes de Mikola -los militares ucranianos no suelen dar su apellido-, de 36 a?os, recibi? a un herido de bala fue hace “una semana”.
Uno de sus subalternos, Igor, de 36 a?os, se entren? durante seis meses en la Academia Militar de Toledo el a?o pasado. Dice que algunas t?cticas, como las de camuflaje, le han resultado “?tiles”, pero en general la ense?anza ignoraba el papel primordial de los drones en la guerra actual.
Su opini?n sobre ese curso es casi un calco de la que se escucha de forma repetida en las filas ucranianas: “Nuestros militares deber?an ser profesores de esos profesores [de la OTAN], tienen mucha m?s experiencia”.
Kuzic precisa que los mayores esfuerzos actuales de los uniformados ucranianos se dirigen a crear un nuevo procedimiento para evacuar a los heridos. Es lo que en jerga militar se llama Casevac. Hasta hace pocos a?os se sol?a acometer con ambulancias equipadas. Los UAS las han convertido en un objetivo prioritario, impidiendo su acceso a las cercan?as de los combates.
‘Robots-camillas’ para trasladar a las bajas
“Lo primero que hemos hecho es aumentar la formaci?n m?dica de los soldados. Hemos pasado de ocho horas a entre 24 y 36 horas”, apunta.
El militar exhibe fotos de un uniformado que pas? 127 d?as con el torniquete. Aunque parezca irreal, los gusanos que gener? la l?gica infecci?n se comieron la parte del pie que se gangren?. La truculenta imagen deja ver el hueso del miembro ‘limpio’, sin las marcas negras de la necrosis. “Le tuvimos que amputar el pie pero no perdi? nada m?s”, apostilla.
Este tipo de retrasos ha promovido la intervenci?n cada vez m?s com?n de robots-camillas para trasladar a las bajas. El primer Batall?n M?dico, tambi?n bajo sus ?rdenes, se ha organizado como si fuera “un grupo de fuerzas especiales” -expresi?n de Kuzic- y se dedica a viajar de un lado al otro del frente, salvando a uniformados heridos con la ayuda de un nuevo artilugio, el Maul.
Un artefacto met?lico utiliza el chasis de una motocicleta de cuatro ruedas, funciona con combustible y puede alcanzar hasta 70 kil?metros por hora.
Hace pocas semanas, un Maul consigui? salvar a un soldado que llevaba 33 d?as heridos. Fue el s?ptimo intento de una espectacular operaci?n cuyos detalles fueron filmados por las mismas plataformas pilotadas por control remoto. La grabaci?n permite ver c?mo el robot avanza entre sucesivas explosiones cercanas y ataques que consiguen alcanzar su estructura. El Maul va equipado con una c?psula blindada donde se aloj? el herido, que fue capaz de resistir el impacto de un dron kamikaze.
Fueron 64 kil?metros de recorrido, de los cuales 37 se realizaron con una rueda da?ada por una mina antipersonal. S?lo tuvo ?xito el s?ptimo intento. En los seis anteriores, los drones rusos consiguieron destruir los robots ucranianos.
“Es un robot que fabricaron los propios miembros del Batall?n M?dico”, se?ala Kuzic, que estuvo presente durante las casi seis horas que se extendi? el operativo.
Viktor Vitsyk, un doctor ucraniano que sirve en el ej?rcito desde 2018, aclar? a una publicaci?n local hace d?as que las ambulancias especializadas se han tenido que retirar a 30 kil?metros de la disputada ciudad de Pokrovsk, en el Donb?s, para no ser destruidas. “All? los heridos pueden pasar 50 d?as” sin ser evacuados, admiti?.
La omnipresencia de los UAS en la conflagraci?n ha propiciado incluso la aparici?n de una nueva dolencia in?dita en los an?les m?dicos de la OTAN: la fobia hacia los drones como una nueva modalidad del conocido trastorno de estr?s postraum?tico, muy com?n entre los veteranos de conflictos.
Oleg, de 37 a?os, y Nasar, de 29, son dos de los pacientes ingresados en el Hospital Militar de Kiev, bajo tratamiento por este trastorno. Ambos peleaban en unidades vinculadas a los drones: uno como piloto de UAS y el otro como experto en derribarlos.
Nasar dice que durante los dos a?os que form? parte de la patrulla antidrones derrib? a cerca de 100 aparatos. El a?o pasado sufri? un “ataque masivo” de estos artilugios y eso le dej? un profundo trauma. Admite que el ruido de un taladro que se escucha en el recinto sanitario -est?n reparando una habitaci?n cercana- le remueve por dentro.
“Llevo seis meses as?. No puedo dormir”, dice. Oleg le secunda: “Sufro de ansiedad y me despertaba cinco o seis veces por la noche. Siempre estaba cansado”.
El jefe del departamento de psiquiatr?a del hospital, Andree Chaikovsky, apunta que los casos de “fobia a los drones” son algo muy reciente. Casi no exist?an hace dos a?os. “Se han disparado. Es un trastorno por estr?s postraum?tico que genera paranoia. Lo activa cualquier sonido constante”, explica.
Los afectados se estremecen al escuchar cortadoras de c?sped, motocicletas, aires acondicionados y lavadoras.
“Tuvimos a un chico que hab?a protagonizado como su unidad perd?a muchos de sus integrantes en un ataque con drones. Se cre?a responsable. Cuando ve?a a alguien con unos auriculares, quiz?s escuchando m?sica, se los arrancaba. Les gritaba que no iban a escuchar los drones”, a?ade el m?dico, que es otro de los que tambi?n considera que sus colegas de la OTAN se aferran a m?todos de otra era.
“Se supone que vamos a Europa a aprender y somos nosotros los que les terminamos ense?ando”, comenta.
La citada afecci?n se ha multiplicado de tal manera que Chaikovsky ha comenzado a experimentar con nuevas t?cnicas de tratamiento, recurriendo a visores VR como los de los videojuegos para tratar a estos pacientes. “Estamos usando a voluntarios. Les hacemos ver paisajes por donde vuela un dron para medir sus pulsaciones, el ritmo de su respiraci?n, y ver su reacci?n”, relata.
El despacho de Chaikovsky est? decorado con pinturas de uno de sus pacientes, un militar que intent? suicidarse. Uno de sus cuadros recrea las pastillas que us? para ese intento frustrado.
“Se ha recuperado y ahora quiere dedicarse a la pintura de forma profesional. El trastorno por estr?s postraum?tico es algo que se supera”, concluye.
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