El objetivo es silenciar al disidente.
Cargar contra los periodistas no adictos al régimen sanchista.
La reacción del sanchismo —una melange que abarca lo que antes era el Partido Socialista, alguna vieja izquierda comunista, el chavismo y fuerzas independentistas de diverso pelaje— a la condena contra el fiscal general tiene un propósito muy claro: crear el ambiente para impedir una alternancia del poder en España.
Y eso exige, entre otras cosas, desarbolar por completo el periodismocrítico.
Ejemplo de esto es la situación en el Congreso de los Diputados.
La reciente modificación del reglamento, impulsada por el PSOE y apoyada por sus compinches, ha encendido las alarmas en el ámbito periodístico y político.
Con el objetivo de frenar conductas “inaceptables” y proteger la labor informativa, esta nueva norma introduce sanciones que van desde simples apercibimientos hasta la retirada de la acreditación profesional.
Todo esto impacta directamente en la libertad de prensa y en la pluralidad, elementos fundamentales de nuestra democracia.
La propuesta, que aún requiere su aprobación final, establece que será la Mesa del Congreso la encargada de regular tanto la concesión como la renovación de las credenciales de prensa.
Se aplicarán criterios como el “respeto a la información veraz” y el “buen funcionamiento” de la Cámara. Sin embargo, muchos consideran que estos términos son vagos y pueden dar pie a interpretaciones ideológicas que excluyan voces críticas o incómodas para quienes ostentan el poder político.
La creación del Consejo Consultivo de Comunicación Parlamentaria añade más leña al fuego. Este organismo estará formado por miembros de todos los grupos políticos y representantes de colectivos profesionales, siendo responsable de evaluar posibles infracciones y sugerir sanciones a los periodistas. Aunque la decisión final recaerá en la Mesa, el hecho de que los partidos tengan un papel tan relevante genera dudas sobre la imparcialidad del proceso y las verdaderas intenciones detrás de esta reforma.
Este Consejo Consultivo, juez y parte. Entre las conductas susceptibles de sanción se encuentran:
- Grabar imágenes o audios con dispositivos ocultos en áreas restringidas.
- Incumplir normas básicas de cortesía parlamentaria.
- Formular preguntas que sean consideradas irrespetuosas por parte de la Mesa.
- Difundir información que, según este órgano político, no cumpla con los estándares de “veracidad”.
Las sanciones pueden llegar a incluir la suspensión total de las credenciales vinculadas a un medio durante plazos que oscilan entre seis meses y tres años si no se puede identificar a un periodista específico responsable.
Límites a los nuevos medios y el fantasma de la censura
La reforma también impone restricciones al acceso a medios digitales, blogs, canales de YouTube o radios sin concesión administrativa, exigiendo además una plantilla mínima de diez trabajadores para poder obtener acreditación. Esta exigencia deja fuera a muchos proyectos periodísticos emergentes y alternativos, lo cual reduce notablemente la diversidad en las voces y formatos presentes en la cobertura parlamentaria.
En términos prácticos, estas nuevas reglas podrían resultar en la expulsión de periodistas incómodos y medios críticos bajo el pretexto de combatir “desinformación” y “activismo ultra”. Así lo han denunciado varios representantes opositores junto con numerosos colectivos profesionales que ven esta reforma como un intento claro por blindar al Congreso contra cualquier tipo de fiscalización por parte de una prensa independiente.
Ética, credibilidad y el papel de los medios en democracia
La controversia generada plantea preguntas cruciales sobre ética y credibilidad informativa. ¿Quién tiene autoridad para decidir qué constituye una información veraz? ¿Es correcto que un organismo parlamentario dominado por partidos políticos tenga poder para definir los límites de libertad de prensa? ¿Hasta qué punto es justificable protegerse contra comportamientos agresivos si eso puede llevar a restricciones que se asemejan a censura política?
Para quienes defienden la reforma, esta responde a una necesidad urgente por ‘evitar el acoso’ y comportamientos desleales dentro del Congreso, garantizando así un entorno profesional respetuoso para todos los informadores.
Por otro lado, los críticos argumentan que se trata más bien de un filtro ideológico destinado a restringir el acceso a quienes no comparten el relato oficial; una herramienta diseñada para silenciar voces disidentes y debilitar así el control que los medios ejercen sobre el poder político.
Este debate trasciende las siglas partidistas e interpela directamente a nuestra sociedad acerca del modelo periodístico necesario para una democracia saludable: uno plural e incómodo. En tiempos donde se cuestiona constantemente la credibilidad mediática debido a factores como polarización o presiones económicas y políticas, defender la libertad informativa se vuelve esencial para mantener viva nuestra salud democrática.
El pulso continúa: oposición y asociaciones en guardia
La reforma ha sido rechazada tanto por PP como por Vox, quienes advierten que supone un “ataque frontal a la libertad de prensa” e implica un “precedente peligrosísimo” para los derechos fundamentales. Diversas asociaciones de periodistas han expresado su inquietud ante el riesgo latente de arbitrariedad y censura; aunque hay quienes apoyan regular comportamientos inaceptables dentro del ejercicio profesional.
La tensión ha sido palpable en los recientes plenos. Informadores han protestado mientras partidos intercambian acusaciones sobre cuál es realmente el objetivo detrás de esta normativa. La controversia no solo se limita al recinto del Congreso; también ha despertado intensos debates entre ciudadanos y profesionales sobre qué límites debería tener tanto la autorregulación como la intervención política en su labor informativa.
¿Se está defendiendo realmente al periodismo o limitando su esencia fiscalizadora? ¿Las nuevas normas contribuyen a mejorar un entorno profesional o consolidan formas sutiles pero efectivas de censura institucional?
El desenlace respecto a esta reforma podría marcar un antes y un después en las relaciones entre poder político y prensa en España. La lucha por preservar tanto libertad como credibilidad informativa sigue abierta; lo cierto es que estamos ante un escenario cada vez más fragmentado donde este pulso es más relevante que nunca.
Source URL: https://www.periodistadigital.com/periodismo/20251124/psoe-compinches-maquinan-imponer-censura-periodistas-adictos-regimen-sanchista-noticia-689405156585/

